Presentación

Adriana Aguayo Ayala

alte. 2018 ; 28(56)
doi: 10.24275/uam/izt/dcsh/alteridades/2018v28n56/Aguayo


A un lado
estoy yo
y en la distancia
al otro lado
el mundo.
Y en
el centro
invisible
intangible
infranqueable
la misma frontera.

  —Límites Vicente Muñoz Álvarez.

Desde la década de 1990 se ha hablado de la recomposición de las fronteras físicas y simbólicas, sean éstas geográficas, identitarias, económicas, culturales, políticas o disciplinarias, ante la inminencia de un reacomodo mundial como consecuencia de la emergencia del neoliberalismo y de los procesos de globalización. En este número de Alteridades queremos continuar la discusión que desde las ciencias sociales se ha abierto desde entonces, contribuyendo con algunos casos de estudio donde las fronteras se han desdibujado, ensanchado, traspasado, transformado y reinterpretado de múltiples maneras en distintos escenarios. Transitaremos entre las fronteras físicas y simbólicas en un recorrido que va de los límites marcados por los Estados nacionales a aquellos reapropiados, traspasados y reinterpretados por ciudadanos de diversas latitudes. Para ello entendemos la frontera como un constructo histórico-social ligado a fenómenos y procesos sociales de gran importancia que conforma un espacio estratégico -en términos políticos, económicos, sociales y/o culturales- en disputa.

Frecuentemente el vocabulario de la frontera hace referencia a una forma espacial en tanto puede ser concebida como un punto (de acceso o salida de un territorio), una línea (que delimita y divide territorios), un área (de contacto, conflicto y/o intercambio) o una red (una especie de frontera extendida posibilitada por la emergencia de procesos de transnacionalización por la que circulan personas, símbolos, información y mercancías). Estas diversas maneras de concebirla, como veremos a partir de los artículos que aquí presentamos como parte deldossier, enfrentan variadas posturas en torno al imaginario de la frontera que recurre a aspectos más estáticos o más dinámicos de ésta con propósitos económicos, políticos y culturales determinados.

Si bien en su sentido geográfico-político la frontera ha sido entendida como un límite territorial, una línea real o imaginaria que divide o separa dos jurisdicciones, en su sentido simbólico se concibe como una especie de zona liminal entre dos cosas o estados, lo que enfrenta y contrapone la idea de un espacio fijo y bien delimitado con uno móvil de límites difusos. En español, la frontera abarca ambos sentidos, pero en idiomas como el inglés se distingue entre border y boundary y en francés entre frontière y limite.

Desafiando la distancia entre estas acepciones, en “La frontera: confín del Estado alterado”, Zenia Yébenes analiza y compara con gran detalle las características del Estado alterado, aquel Estado fallido en el que los límites no son claros -como consecuencia del desorden social-, con la situación que experimenta un sujeto que vive una crisis psicótica. Situando “lo político en el corazón de lo psicológico y lo psicológico en el corazón de lo político”, la autora explora los desórdenes políticos y subjetivos que se encuentran en juego en una situación de violencia y que establecen un des(orden) en el que las fronteras parecen borrarse infligiendo ansiedad y temor en los sujetos. El ejercicio del poder y la violencia en ambas experiencias desteje el tejido social y lleva a un intento desesperado por el restablecimiento de las fronteras. La diferencia entre ambas experiencias, nos dice la autora, es su relación con los discursos y en especial con la figura del secreto, que es a la vez tanto una estrategia discursiva como un dispositivo de poder. Aquello señalado como “verdadero” o “normal” no constituye más que un intento por establecer fronteras e invalidar la amenaza de lo que se concibe como indeterminado e incierto, o sea, que la idea de frontera en este caso parece marcar una serie de coordenadas que permiten situarse y actuar, se trate de un individuo o una comunidad. Frontera que, sin embargo, es constantemente renegociada.

Tanto en el nivel político y militar como en el simbólico, la frontera es una construcción histórica con diversas funciones. Etimológicamente proviene del latín frons, frontis, que significa “frente” y que fue utilizado a partir del siglo XIII para designar el límite temporal entre dos ejércitos en conflicto (Febvre, 1962). La aparición de la noción de frontera, no obstante, se remonta al surgimiento de los Estados modernos para referirse al límite entre Estados nacionales, y desde entonces ha sido entendida como una de las máximas expresiones de soberanía, por lo que se volvió indispensable en las estrategias militares y se convirtió en uno de los referentes ideológicos más importantes en la construcción de la idea del territorio nacional, al grado de que hay quienes hablan del mito de la frontera que busca legitimar la reivindicación territorial como un hecho “natural”, disimulando que se trata de un acto de poder (Smith, 2012).

En su artículo “Desde el norte hacia el sur: esclavizados fugitivos en la frontera texano-mexicana”, María Camila Díaz, mediante testimonios y narraciones de afrodescendientes esclavizados y de algunos propietarios esclavistas de Texas -plasmados en periódicos texanos y otros recuperados por la agencia Work Projects Administration a principios del siglo XX-, contrasta la imagen que ambos grupos construyeron sobre la frontera sur de Texas en un periodo en el cual se registraron miles de fugas de esclavos texanos hacia México. Su texto logra dar cuenta de un territorio en disputa entre diferentes actores sociales en un momento histórico en que se perfilaban distintas fronteras de carácter político, social, cultural y económico, que enfrentaba de manera muy señalada a los colonos texanos con la política centralista del gobierno mexicano, lo que más tarde, entre otros conflictos, llevaría a la separación de Texas y su posterior incorporación a Estados Unidos de América. En la construcción de la frontera, como lo demuestra este artículo y los subsecuentes, participan diversos actores sociales -hegemónicos y subalternos- que se hallan dentro y fuera de los límites en pugna.

Cuando se le concibe como un espacio socialmente construido en el que inciden fenómenos políticos, económicos y culturales, la frontera deja de ser considerada una línea, para pensarse más bien como una zona o región estratégica por cuanto constituye un área de contacto entre poblaciones. La frontera como zona se distingue así de la idea de límite territorial en tanto este último marca el límite geográfico -natural o construido- de jurisdicciones estatales o nacionales, es decir, una frontera en apariencia estática en cuyo centro se encuentra la idea de separación; mientras que en la idea de frontera como región lo primordial es que se establece como una zona de contacto, de flujo de personas, información y mercancías, lo que implica una idea de frontera más dinámica, que ha llevado a percibirla como retícula.

Tal es el caso de aquellas naciones cuya historia se liga con la migración y cuya propaganda migratoria presenta al país de llegada como uno de “fronteras abiertas”, que se contrapone con la experiencia de los migrantes. Este contrapunto entre la propaganda y la experiencia migratorias en el nivel personal es presentado por Alexandre Beaudoin, quien analiza el caso de Canadá en su artículo “Desarmar la frontera estereotipada desde el arte contextual de una colombiana en Quebec”. A partir de la exploración sobre las relaciones disonantes entre la propaganda migratoria canadiense y la experiencia de la migración manifestada en trabajos de artistas latinoamericanos y caribeños en Montreal, las distintas concepciones de la frontera se comienzan a revelar. El autor muestra múltiples formas de concebir a la frontera, desde aquella interiorizada y de algún modo encarnada, hasta una tan flexible que se vuelve ambigua y paradójica. Desde su punto de vista, son dos las concepciones incompatibles: el discurso de la frontera inmóvil construida por el Estado para controlar a las poblaciones en desplazamiento, y la frontera móvil presentada y representada por los artistas para deconstruir los discursos hegemónicos en torno a la frontera. Este punto de disonancia permite, en palabras de Beaudoin, desarmar la propaganda migratoria canadiense.

La noción de frontera, en todo caso, se encuentra atravesada por relaciones de poder, ya sea porque se trate de disputas entre diferentes actores sociales por la apropiación del espacio o por la defensa del territorio. Si, como señala Giménez (2005: 9), el territorio es “el espacio apropiado por un grupo social para asegurar su reproducción y la satisfacción de sus necesidades vitales, que pueden ser materiales o simbólicas”, el proceso de apropiación del espacio -concebido como recurso material y simbólico- supone la existencia de productores, actores y consumidores. Se trata entonces de un proceso marcado por relaciones de poder que producen, regulan y protegen dicho recurso en función de los intereses de un grupo. Se conquista el espacio, se marcan fronteras, se extienden caminos y se trazan redes con intereses económicos, políticos, sociales y culturales que tienen a la vez fines tanto utilitarios como simbólicos. Este marcaje adentro/afuera establece fronteras entre ellos y nosotros de naturaleza multiescalar: local, regional, nacional, mundial (Giménez, 2005: 11).

Verónica Ruiz, en “Los refugiados guatemaltecos y la frontera-frente de discriminación, explotación y desigualdad”, analiza el caso de la frontera México-Guatemala, centrándose en las comunidades de refugiados guatemaltecos en México, que en términos históricos ha sido una frontera-frente y una frontera-límite marcada por los desplazamientos de los límites territoriales. Pero, en un sentido sociocultural, es sobre todo una frontera reticular en donde viven comunidades mayas (guatemaltecas y mexicanas) que se identifican histórica y culturalmente. Mames, chujes, q’anjobales, jacaltecos y mochós habitan esta zona fronteriza de distintas maneras, por lo cual la autora recalca la necesidad de aproximarse al estudio de la frontera con profundidad histórica y entendiendo sus diferencias regionales desde las prácticas sociales y representaciones de los sujetos como elementos que constituyen la frontera. En su caso de estudio, el racismo y la discriminación se delinean como un eje transversal de análisis de la experiencia fronteriza tanto para los indígenas chiapanecos como para los refugiados guatemaltecos.

Por décadas, el imaginario de la frontera se ha referido al marcaje del límite exterior, pero en los últimos años se habla de un desplazamiento de las fronteras del borde hacia el centro. En particular cuando se alude a la reconquista de territorios centrales que se habían vuelto “salvajes” (Smith, 2012), o a la reproducción de las fronteras étnicas en barrios urbanos de las grandes ciudades, o al incremento de los dispositivos de control de identidad que distinguen entre viajeros permitidos y prohibidos en aeropuertos, estaciones de trenes y camiones al interior de las ciudades (Balibar, 2005).

A este respecto, Nathalia Guevara, en su artículo “Migración colombiana en la Ciudad de México, fronteras étnicas y estereotipos: una exploración autoetnográfica”, examina la experiencia de migrantes colombianos en México, quienes en especial en los últimos años se enfrentan a situaciones de acoso, discriminación y violencia de género como consecuencia de una imagen estereotipada difundida de manera recurrente por los medios de comunicación. La experiencia cotidiana de los migrantes colombianos se ha visto así permanentemente atravesada por la estigmatización que los lleva a vivir desde situaciones incómodas hasta violentas. En el caso de mujeres colombianas asesinadas en México, según señala Guevara, los medios de comunicación, en concreto la prensa escrita mexicana, parecen justificar la violencia al ligar a estas mujeres con redes de narcotráfico, delincuencia organizada y prostitución. El empleo de la autoetnografía le permite a la autora reflexionar sobre las fronteras simbólicas en las que la nacionalidad y los estereotipos asociados con ella se convierten en referentes para la acción -así como la justificación de la acción- frente a un individuo o colectividad reconocido como un otro. Su texto logra enfatizar la incidencia de los discursos vertidos por los medios de comunicación en la vida cotidiana en un momento cuando el tema migratorio y fronterizo es frecuente en los medios de comunicación y la experiencia de la xenofobia se recrudece en todo el planeta.

Enmarcadas en relaciones de poder, las fronteras se habitan, se cruzan, se traspasan, se transgreden, se imaginan, se construyen, se eliminan, se extienden, se conquistan. Se trate de límites espaciales o simbólicos, los artículos presentados en este número como parte del dossier remiten a la idea del tránsito, la marginalidad, la vulnerabilidad, la ambigüedad y la lucha por la apropiación física y simbólica de espacios que construyen fronteras móviles y dinámicas que sólo pueden entenderse en sus propios contextos históricos.

En la sección Investigación antropológica el lector encontrará cuatro artículos en sintonía con los que componen el dossier, y que tratan sobre distintos tipos de fronteras que se cruzan, transgreden o negocian al migrar sorteando escenarios difíciles, al resignificar la identidad, al adaptar el oficio a la demanda turística como mecanismo de adaptación y resistencia económico-política, o al darle un nuevo sentido a un oficio determinado. En “Evaluación y reducción de riesgo en el trabajo de campo”, Susann Vallentin Hjorth Boisen examina un tema que ha cobrado relevancia en los últimos años para el desarrollo del trabajo de campo en escenarios complejos, en donde la violencia cotidiana representa un factor de riesgo, frente al que se crean distintas estrategias en un intento por esquivarla. Su propia experiencia con migrantes en las fronteras sur y norte de México la impulsa a reflexionar sobre las estrategias empleadas por la población en contextos de inseguridad y sobre los peligros a los que se enfrentan los antropólogos al realizar su trabajo de campo. Describe y analiza dos enfoques útiles en antropología para lograr el desarrollo del trabajo de campo en entornos inseguros y revisa literatura especializada para explicar los mecanismos de evaluación de riesgo y las medidas de mitigación existentes.

Xóchitl Poblete, en “Identidades liminares. El caso de los escritores tsotsiles y tseltales en Chiapas”, estudia la construcción de la identidad profesional de escritores tsotsiles y tseltales de Los Altos de Chiapas, que se nutre de experiencias tanto individuales como colectivas. Su argumento es que dicha identidad es liminar en cuanto implica negociaciones y resignificaciones, lo que la lleva a analizar las estrategias que los escritores pusieron en juego para construir su identidad profesional en un proceso que articula su trayectoria biográfica y su profesionalización. Una identidad-frontera por la que transitan entre la oralidad y la escritura, el español y su lengua materna, lo tradicional y lo moderno, la traducción y la creación que involucra un constante proceso de negociación y resignificación.

En “Las estrategias discursivas de los artesanos huicholes en el marco turístico”, Rozenn Le Mur nos muestra el modo en que el arte y la artesanía huicholes/wixárikas se desarrollaron rápidamente en las últimas décadas hasta convertirse en uno de los mercados preferidos del occidente de México para el turismo. Frente a esta mirada turística, señala Le Mur, los artesanos y artistas se sitúan de manera estratégica con fines económicos y políticos. Asimismo, tratan de alimentar el interés en el otro mediante procesos de adaptación al turismo que se presentan tanto como una forma de resistencia como de apropiación de elementos externos a su cultura e, incluso, como diálogo intercultural.

Para cerrar esta sección, Patricia Moctezuma, en “Ingenio artesanal y desviación comercial de las artesanías en el estado de Morelos”, en sintonía con el artículo precedente, compara y analiza dos tradiciones artesanas del estado de Morelos (la loza de Tlayacapan y las jaulas del ejido de Palo Alto) con el objetivo de enunciar las consecuencias de modificar el valor de uso de una artesanía para cubrir la demanda del turismo, lo que considera una desviación mercantil. Ejemplifica el papel del consumo cultural que propició una adaptación que ha supuesto tanto innovaciones técnicas como comerciales y organizativas, así como una resignificación del oficio entre las nuevas generaciones.

Dos reseñas que reflexionan sobre procesos desarrollados en el contexto del capitalismo actual cierran el presente número. Patricia Alvarado Portillo nos propone la lectura de The Mushroom at the End of the World. On the Possibility of Life in Capitalist Ruins, el último trabajo de Anna L. Tsing, en el que muestra que el hongo representa a la vez la alternativa y la consecuencia del capitalismo patchy. Estudia el cotizado hongo matsutake, cuyo proceso productivo se encuentra atravesado por historias, perspectivas y deseos de múltiples actores a los que entrevista entre 2004 y 2011 en Estados Unidos, Japón, Canadá, China, Finlandia, Dinamarca, Suecia y Turquía. Tsing emplea al hongo como metáfora para ilustrar, según explica Alvarado, “el proceso de destrucción creativa y de sobrevivencia a la destrucción y la precariedad de las historias de personas que viven en los límites del capitalismo o pericapitalismo”. Dentro y fuera de las fronteras del capitalismo, Tsing revela que existen formas tanto capitalistas como no capitalistas que se articulan desde los márgenes.

Por otra parte, Pablo Alonso González nos invita a leer El colapso del capitalismo tecnológico, de reciente publicación, en el cual Alfredo Macías Vázquez reflexiona sobre la naturaleza de las relaciones sociales existentes en el capitalismo y los desafíos antropológicos a los que nos conduce el capital. Para Macías, según deja ver González, más allá del capitalismo como economía de mercado debemos pensarlo como un sistema de relaciones sociales en el que la confianza y la esperanza son fundamentales. De acuerdo con Macías, denunciar los males del capitalismo (la generación de la pobreza y la desigualdad) no es suficiente, además resulta indispensable “realizar una crítica que desvele el carácter socialmente específico de sus categorías centrales, como el valor, el trabajo abstracto, el capital, el dinero o la mercancía”.


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Departamento de Antropología, UAM Iztapalapa

ALTERIDADES. año 29, número 57, enero - junio 2019, es una publicación semestral de la Universidad Autónoma Metropolitana, a tráves de la Unidad Iztapalapa, División de Ciencias de Ciencias Sociales y Humanidades, Departamento de Antropología. Prolongación Canal de Miramontes 3855, Col. Ex-Hacienda de San Juan de Dios, Alcaldía de Tlalpan, C.P. 14387, Ciudad de México, y Av. San Rafael Atlixco 186, Col. Vicentina, C.P. 09340, Edif. F-001, Ciudad de México. Telefono: 5804 4600, ext. 2679. Página electrónica de la revista <http://alteridades.izt.uam.mx>. Direción electrónico: alte@xanum.uam.mx. Editor responsable: Dra. Norma Jaramillo Puebla. Certificado de Reserva de Derechos al Uso Exclusivo del título número 04-2015-112311463800-203, ISSN: 2448-850X, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Dra. Norma Jaramillo Puebla, Unidad Iztapalapa, División de Ciencias Sociales y Humanidades. Fecha de la última actualización 20 de junio de 2019. Tamaño del archivo: 6.8 MB
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