Migración femenina e incidencias en la crianza: el caso de una población afrodescendiente en México

Citlali Quecha Reyna**



Resumen

En este artículo se describe el proceso de migración femenina en una comunidad afrodescendiente de la Costa Chica de Oaxaca, Corralero, perteneciente al municipio de Pinotepa Nacional, en especial el caso de las mujeres que son madres y que no viajan con sus hijos, dejándolos con abuelos u otros parientes. Se analizan los diferentes escenarios que supone la migración femenina presentando las voces de los actores sociales involucrados, en particular las de niños y niñas en tanto tienen capacidad de agencia y constituyen los sujetos centrales del proceso de crianza.

Received: 2013 September 17; Accepted: 2014 March 19

alte. 2015 ; 25(49)

Keywords: Key words: women migration, family rearticulation, care, children, Afro-descendent.
Keywords: Palabras clave: migración de mujeres, rearticulaciones familiares, cuidados, niños, afrodescendientes.

Introducción

La región de la Costa Chica de Oaxaca puede incluirse en los flujos migratorios que conforman la zona de migración internacional reciente o zonas emergentes de migración. Estas nuevas oleadas migratorias, provenientes en su mayoría del sureste mexicano, se caracterizan por ser resultado de condiciones económicas particulares, específicamente la caída de los precios de los productos regionales, o por la presencia de desastres naturales que motivan a los habitantes a abandonar sus lugares de origen y buscar opciones de vida en otros sitios.

Si bien desde la década de los ochenta se habían registrado las primeras migraciones internacionales, sobre todo con las redes de enganche y apoyo de la población mixteca, no es sino hasta mediados de los noventa que los afrodescendientes tuvieron mayor movilidad hacia diferentes puntos geográficos de Estados Unidos. En primera instancia, fueron los hombres casados quienes se dirigían a aquel país, después los jóvenes solteros; las mujeres (casadas o solteras) fueron las últimas en integrarse a los traslados allende la frontera norte. Los cambios y reajustes familiares derivados de la migración son múltiples. Conoceremos a lo largo de las siguientes líneas la manera y en especial el sentido que le otorgan a la migración femenina los niños y niñas que se quedan en la población, los cambios en torno a la figura femenina y los conflictos que genera para los adultos tener a su cargo la crianza.

Este artículo se deriva de una investigación en la cual se analizó la repercusión que tiene en la vida de los niños ser hijos de migrantes y quedarse en la localidad.1 Metodológicamente, la sociología de la infancia fue el marco teórico que orientó el trabajo, articulando el eje migración-familia-infancia, para tener un acercamiento más detallado de cómo viven la migración aquellos que se quedan.

La exposición se divide en cuatro partes. En la primera se aborda el tema de la migración femenina, los procesos de crianza y circulación de niños desde el punto de vista de la antropología y la sociología. En la segunda se brindan datos sobre la población de Corralero así como su ubicación. En la tercera se da cuenta de la migración femenina en la comunidad. La cuarta incluye la descripción de diferentes escenarios en torno a la crianza y cuidado de los niños ante la migración femenina y de las madres, cerrando con un apartado de conclusiones. Cabe mencionar que los nombres de las personas que brindaron sus testimonios han sido modificados para resguardar su anonimato.

La migración femenina y la crianza de los niños: una veta de investigación

Con la inclusión de la perspectiva de género, el fenómeno migratorio adquirió un campo diversificado de análisis. Los estudios previos a la década de los setenta del siglo XX en materia de migración estuvieron signados por la invisibilidad femenina (Hondagneu-Sotelo, 2007). Blanca Suárez y Emma Zapata señalan que diversos autores ubican el origen de dicha invisibilidad en dos ámbitos: por un lado, en un “carácter metodológico referente a la forma de recoger los datos empíricos, por lo que existía una subrepresentación de mujeres en el proceso migratorio, y otro ideológico referido a la concepción androcéntrica que caracteriza la producción de conocimiento en las ciencias sociales” (Suárez y Zapata, 2004: 29). La irrupción del feminismo en distintas arenas tuvo una incidencia directa en el quehacer científico. Con la perspectiva feminista de análisis, el abordaje sobre las desigualdades de poder entre hombres y mujeres estuvo latente en las ciencias sociales. Surgió más adelante un reconocimiento del carácter relacional de las masculinidades y feminidades, el cual está atravesado por diferencias de etnia, clase o nación dando pie al estudio de nuevas realidades, otrora no registradas en materia de migración. No obstante el cambio de paradigma en torno a las mujeres, propio de la segunda mitad del siglo XX, Pierrette Hondagneu-Sotelo advierte que “el aumento de los estudios sobre migración derivaron no de un movimiento social como el feminismo, sino de un incremento masivo de, literalmente, los movimientos humanos a través de las fronteras durante el siglo XX” (2007: 425), donde las mujeres tenían una participación significativa.

Lo anterior nos remite a la coyuntura histórico-social en la cual emergieron los estudios de la migración femenina, es decir, las últimas tres décadas del siglo XX, cuando, a partir de los ajustes estructurales que a escala planetaria se llevaron a cabo para implementar el neoliberalismo, los países en desarrollo tuvieron que someterse a los dictados de los grandes organismos financieros globales que pretendían priorizar el libre mercado. Con ello, las economías regionales se vieron mermadas en el marco de la caída de los precios del petróleo, lo que originó que los pobladores de las regiones afectadas buscaran opciones de manutención fuera de sus territorios de origen, ya que se encontraba en marcha la internacionalización de la producción. Este hecho sostenía fuertes procesos de pauperización principalmente en los países en desarrollo, lo que motivó la emigración hacia las ciudades y naciones donde el capital se concentraba.

Con este trasfondo, las investigaciones sobre migración femenina registraron las transformaciones en las unidades domésticas, la heterogeneidad de los desplazamientos tanto internos como internacionales de las mujeres, los cambios en la vida de pareja, los roles adquiridos por las mujeres ante la ausencia de sus cónyuges, las rutas de migración femenina frente a la demanda de mano de obra del mercado global, la construcción de maternidad y paternidad en la distancia, entre otras cuestiones (Ariza, 2007).2

Ahora bien, el tema del cuidado de los hijos ante la migración de las madres supone cambios para la vida de los niños que se quedan. Los trabajos sobre la maternidad transnacional han documentado las diferentes estrategias en los procesos de crianza que ponen en marcha las madres migrantes y sus familias para reorganizar las unidades domésticas (Hondagneu-Sotelo y Ávila, 1997; Nicholson, 2006). Una de las transformaciones significativas en estos contextos es el cuestionamiento a los roles de género que históricamente se han asignado a hombres y mujeres. Para autoras como Claudia Pedone (2008), en América Latina instancias como el Estado, la Iglesia católica y la familia han configurado los elementos constitutivos de lo femenino y lo masculino. De tal forma que en su análisis de la migración de mujeres ecuatorianas hacia España nota un sesgo ideológico que impacta en la migración, cuando se habla de varones aventureros haciendo referencia a los hombres migrantes, y madres que abandonan cuando se alude a las mujeres, dado el carácter protector que se asigna a “lo femenino”.3 No obstante la connotación dada a la migración femenina en este caso, es posible advertir la reconstrucción de relaciones familiares ante las nuevas realidades que se deben vivir, aunque esto no signifique de manera necesaria una transformación inmediata en los roles de hombres y mujeres.

En materia metodológica, las investigaciones acerca de la migración femenina y la crianza se han centrado en un enfoque en el cual de forma paulatina se ha dado voz a los niños y adolescentes y ya no sólo a las mujeres. La inclusión de las voces infantiles en los estudios de migración ha derivado en una mayor profundidad analítica, donde se puede observar el entramado de relaciones sociales que debe ser reorganizado ante la migración de un pariente. La antropología y la sociología han teorizado en torno a la capacidad de agencia de los niños. Dicha directriz sirvió como guía de análisis en esta ocasión, en particular incorporando como eje temático la migración-familia-infancia. Con esta perspectiva se incluye no sólo a los niños, sino también a los adultos que conviven con ellos de modo directo, sobre todo abuelos, para conocer cómo incide la migración femenina en una zona de reciente migración internacional, por un lado, y, por otro, en una comunidad de población afro-descendiente, donde la matrifocalidad caracteriza los procesos de crianza, a diferencia de las comunidades indígenas.

He señalado que estas líneas emanan de un trabajo mayor, donde la vida cotidiana de los niños era un punto central en el registro etnográfico. En distintas conversaciones con ellos se aludía a la ausencia de los padres, pero los pequeños enfatizaban en especial la figura femenina ausente, frente a lo cual ineludiblemente surgió la pregunta ¿por qué los niños hacen hincapié en el tema de las mujeres migrantes? Algunas respuestas salieron a la luz tiempo después: 1) por el apego inicial de niñas y niños a sus madres, dado que el cuidado es una actividad femenina por excelencia para este grupo social; 2) porque la migración femenina en la localidad ya no sólo se ciñe a las mujeres casadas y con hijos, sino que también las jóvenes y solteras emprenden el viaje allende la frontera norte con ayuda de redes de amigas, lo cual genera entre los niños opiniones específicas, sobre todo en relación con la autonomía que adquieren las mujeres, y 3) porque ante la migración femenina los patrones de crianza se ven rearticulados cuando los hombres también deben participar, como ocurre con los hermanos mayores o tíos. Frente a situaciones de esta naturaleza, lo que se puede documentar es que la migración femenina imprime además una modalidad particular en la circulación de infantes, que no sólo se remite a la matrifocalidad que dinamiza las relaciones de parentesco en esta localidad.

Las poblaciones afrodescendientes de México tienen en la matrifocalidad un sustento en sus relaciones de parentesco, con un tipo de alianza matrimonial peculiar: el queridato, el cual se constituye de manera primordial por el recasamiento sucesorio de las mujeres. A decir de María Cristina Díaz:

El queridato reelabora algunas características de la poliginia, entre ellas: las alianzas no son vitalicias; aun si los hombres reconocen a dos o más mujeres como cónyuges, rara vez asumen la responsabilidad económica de todas y éstas nunca tienen residencia común; no siempre hay reconocimiento paterno de la progenie; tampoco existe reciprocidad de atenciones y ayuda entre los cónyuges y sus respectivas parentelas [2003: 100].

Entre los afrodescendientes, cuando las mujeres entran al circuito de queridato y establecen otra alianza, es común otorgar a hijos de crianza (circulación de niños). Los pequeños son entregados a las mujeres solteras y mayores que no pudieron tener progenie.

Con la vivencia migratoria los grupos domésticos matrifocales experimentan distintas fases de transformación, fisión o en algunos casos remplazo de las figuras proveedoras. Ya Díaz ha señalado la inserción de los abuelos en diversas actividades económicas para paliar algunas carencias inmediatas ante la migración de los hijos, así como el papel central de las abuelas como madres sociales, al quedarse al cuidado de los nietos. Esto es lo que se ha denominado hogares dona, los cuales tienen la propiedad de hallarse en una etapa de dispersión en la cual la generación intermedia se encuentra ausente (Triano, 2006: 277).

Ahora bien, lo que podemos advertir es que la circulación de niños en situaciones que no necesariamente implican el casamiento de la madre con otro cónyuge contribuye a la creación de una red de solidaridad ampliada ya no sólo entre mujeres, sino entre parientes rituales (como pueden ser los compadres) para intervenir en el cuidado de los pequeños frente a la creciente migración femenina.

La llegada de un niño a un nuevo grupo familiar ha sido un tema de investigación importante para comprender la dinámica del parentesco, así como las repercusiones de este fenómeno en el ámbito cultural de las sociedades estudiadas (Cardoso, 1984). Las indagaciones nos hablan de la manera en la cual las personas que no tienen una filiación consanguínea con el grupo que los arropa son tratadas como hijos biológicos generando ciertas ventajas y equilibrios para las unidades domésticas.4 En otros casos, la circulación de los niños dados en adopción constituye un mecanismo estructural que permite completar los espacios de circulación de mujeres, lo cual origina también un proceso de reciprocidad entre las unidades domésticas por las que los pequeños transitan (Lallemand, 1993) y cuyo cuidado queda principalmente bajo la tutela de los abuelos y los tíos (Fine, 1998). El estudio de los niños nómadas, como los ha nombrado Bernard Saladin d’Anglure (1988), ha tenido como eje el análisis de la configuración y reajuste de la estructura parental y su incidencia en los planos individual y social. El hecho de que los pequeños sean dados en adopción, donación y, otras veces, “préstamo”,5 ha generado una vertiente de indagación relevante para comprender las implicaciones que tiene en las familias el cuidado de los niños, aunque se presta una atención mayúscula a la dinámica privativa de los adultos como los actores sociales centrales, debido al supuesto ideológico de que los niños son sujetos de las enseñanzas que sus mayores les proporcionan.

Si bien el feminismo trajo consigo la ruptura con el androcentrismo en las ciencias sociales, el reconocimiento de los niños en cuanto sujetos sociales rompe además con el adultocentrismo. Cabe apuntar que esto no significa que la niñez se encuentre exenta de las relaciones de poder y viva en completa autonomía. El eje temático propuesto para el análisis de la migración femenina en esta ocasión permite comprender la dinámica relacional de las unidades familiares, las cuales también conllevan ciertas tensiones y conflictos que son dirimidos de formas particulares, según veremos más adelante, donde los testimonios de los niños son incorporados.

La localidad de Corralero

Corralero6 cuenta con 1 597 habitantes, de acuerdo con datos del XII Censo General de Población y Vivienda (INEGI, 2000); sin embargo, el censo local de 2007 levantado por personal de la clínica de salud de la población arroja la cifra de 1 216 pobladores.7 El camino asfaltado que comunica a Corralero con la ciudad de Pinotepa Nacional fue construido en la década de los ochenta, y tiene una extensión de 70 kilómetros.

Sus inicios se remontan alrededor del año de 1900. La laguna de Alotengo y su abundancia de peces constituyó un atractivo enorme para que familias oriundas de poblaciones cercanas como San José Estancia Grande, Santo Domingo Armenta y Tapextla buscaran en la pesca una forma de vida que complementara o supliera a la agricultura y la ganadería.

Los primeros habitantes que se asentaron en las inmediaciones de la laguna utilizaron bejuco para elaborar los cercados donde instalaron su residencia, razón por la cual suele decirse que crearon un “corralero” (o corral), para evitar que animales salvajes (gatos monteses y lagartos) los agredieran. En la década de los veinte, se reconoce de manera oficial a esta población con el nombre de Corralero. En los treinta, ya tiene el carácter de agencia de policía perteneciente al municipio de Pinotepa Nacional, adscrito a la cabecera distrital de Jamiltepec. A principios de 1954, se obtiene el plano ejidal definitivo, en el cual se le adjudica al poblado una extensión de 4 746 hectáreas, de las cuales 40 comprenden la zona urbana y 1 551 laguna y mar.8

Colinda al norte con el ejido de Pinotepa, al sur con el océano Pacífico, al este con el ejido de Minitán y al oeste con el ejido de El Ciruelo. A diferencia de otras localidades vecinas, no se registró aquí una historia que hablara de “ancestros” que naufragaron de grandes barcos. Los testimonios se remontan únicamente a hablar de personas que ya estaban asentadas en otras localidades y decidieron venir a poblar la zona en busca de una mejor subsistencia.

Corralero fue fundada por afrodescendientes, a quienes, más adelante, familiares y conocidos siguieron para establecerse de forma definitiva en este sitio, comenzando así el paulatino asentamiento de familias en la localidad. También hay habitantes indígenas mixtecos, aunque no constituyen un segmento representativo, puesto que sólo cinco familias nucleares han fijado aquí su residencia mediante la compra de terrenos.

Por su ubicación a orillas de la laguna de Alotengo, la comunidad se ha convertido en un incipiente centro turístico local. Los fines de semana acuden personas de Pinotepa y de los pueblos vecinos para bañarse en la playa y consumir mariscos frescos. Existe un pequeño muelle donde se puede apreciar el paisaje de manglares y están diseminadas las lanchas de los pescadores que utilizan tanto para la pesca como para transportar a los visitantes hacia la zona de playa, que se localiza cruzando la laguna. También se puede llegar al mar si se transita por el camino de terracería que se encuentra en la entrada de la localidad.

Las prácticas culturales de las poblaciones afrodescendientes de la zona son resultado de un proceso de etnogénesis.9 Algunos elementos culturales de la población han sido apropiados y resignificados creando un sólido tejido de relaciones que por medio de redes sociales logra mantener un sentido de pertenencia (y diferencia) frente a los otros componentes con quienes interactúan en la región, principalmente los indígenas. Tal es el caso de Corralero, donde se reproduce la creencia en tonos y sombras; se realizan celebraciones religiosas a través de hermandades; la estructuración familiar otorga un peso importante a la matrifocalidad, y se ejecutan danzas, como la de “Toro de Petate”, en las festividades en honor a los fieles difuntos. El conjunto de estos elementos y sus prácticas es lo que dinamiza la identidad colectiva afrodescendiente que puede apreciarse en la localidad.

La migración femenina en Corralero

Es que aquí tenemos mucha necesidad. Por eso hasta las mujeres se van.
Claudia, 14 años
Solteras, casadas y con hijos, las chiquitas todavía no nos vamos. Yo todavía quiero vivir aquí, yo creo que se aburren de tanto calor y por eso se van.
Iris, 13 años

En Corralero, la migración de las mujeres era un hecho inusitado.10 Salir de la localidad a vender en Pinotepa u otros pueblos de la región constituía una de las prácticas comunes dentro del quehacer tradicional femenino, no así salir por periodos prolongados para trabajar en “el norte”. Por eso, las primeras mujeres que decidieron migrar hacia Estados Unidos generaron disensos entre la población, aunque también algunos apoyos.

Las mujeres de la localidad se ven supeditadas a una estructura normativa que prioriza las decisiones y figura de los hombres como autoridad. Por tanto, el rol de subordinación es la forma habitual de entablar relaciones de género. Ello deriva en que existan diferentes expresiones de violencia hacia aquellas mujeres quienes, a través de sus acciones (como trabajar y tener su propio dinero), cuestionan ese orden establecido a raíz de la práctica de la migración femenina (Szasz, 1999: 171).

De acuerdo con los testimonios recabados, las primeras mujeres en partir lo hicieron como acompañantes de sus maridos en 2002. Tal fue el caso de Norma. Ella decidió alcanzar a su esposo Alberto en el norte para trabajar juntos y ofrecerle a sus hijos mejores condiciones de vida, pero su decisión fue duramente reprobada. En primer lugar, estaba cuestionando la labor de proveedor de su esposo, al argumentar que deseaba salir de Corralero para producir más ingresos, dado que lo que él ganaba era insuficiente para cubrir los gastos familiares. Otro de los motivos por los cuales se le criticó fue por tomar ella la iniciativa de migrar. Entre los planes de Alberto no figuraba que ella fuera a trabajar a Estados Unidos, por el contrario, el plan del marido era que se quedase en Corralero administrando el dinero para la construcción de la casa. Y, por último, otra razón para desaprobar la salida de Norma eran los hijos. Éste fue quizá el argumento más importante para que, en su momento, casi toda la localidad hablara de los pros y contras que implicaba que una mujer se expusiera a realizar el cruce “como lo hacen los hombres”.

Esta serie de restricciones no son exclusivas de las mujeres de la Costa Chica. Patricia Arias, por ejemplo, da cuenta de las diferencias entre las migraciones masculinas y femeninas en las últimas décadas del siglo XX en México. Las salidas de los varones se efectúan con relativa facilidad, pues las mujeres (madres, esposas, hermanas) se encargan de mantener vigentes los vínculos sociales del migrante. Por el contrario, en el caso de la migración femenina, se restringe en mayor grado la salida, puesto que las obligaciones domésticas no encuentran fácil sustituto, sobre todo cuando hay hijos de por medio (Arias, 2006: 198).

A pesar de los comentarios, Norma se fue. Esta historia la rememoran los adultos de Corralero cuando se les pregunta por los primeros migrantes internacionales, en concreto por las mujeres. Con el precedente sentado por Norma, otras más buscaron la manera de migrar con el esposo, estableciendo las bases de un proceso que ha ido teniendo más aceptación entre los habitantes de la comunidad. Por ejemplo, el hecho de saber que las mujeres migrantes internacionales cuentan con “su propio dinero” genera entre las que se quedan algunas reflexiones y cambios en la percepción de la migración femenina; veamos algunos testimonios:

¡Imagínate!, yo cuando vi que la Norma, Verónica y Patricia se fueron pa’l norte, yo dije: “esas mujeres sí que son bien entronas, irse así nomás, están trabajando allá junto al hombre, teniendo su propio dinero”, pero también ya conocen. Yo no sé si hablen inglés, yo creo que ahora sí porque ya tiene tiempo que se fueron, con la práctica yo creo que aprenden, es como los indios con el español, a veces medio lo hablan pero como quiera se les entiende. Como sea ellas ya son más gringas, ya no son como nosotras, que andamos aquí nomás en el pueblo, ellas ya se pintan más, se compran ropa. Por eso después que se fueron, otras más dijeron: “yo también quiero”, y que agarran sus chivas y se van pa’l norte [Otilia].11
Sí, luego una piensa, “si ellas se fueron, viven mejor, tienen dinero, ¿por qué está una así aquí?”, yo trabajo un montón, desde que sale el sol hasta que anochece, vendo, cuido a los chamaquitos, hago la comida, y nadie agradece. Pero creo que es porque tampoco una como mujer dice nada, no tenemos la iniciativa pues, como aquellas que se fueron al norte, hay de todo, habemos mujeres más miedosas y ése es el precio que nos toca pagar por tontas, qué más… [Magdalena].12

Lo que destaca entre los testimonios es que este tipo de percepciones sólo se originan a partir de la migración a Estados Unidos. Las mujeres que viven en otras ciudades de la república no generan entre las que se quedan estos comentarios. Quizá porque no representan el misterio o fascinación por lo desconocido que implica residir en otro país, o porque las mujeres que están en el norte prolongan por años su regreso, a diferencia de aquellas que viven en la república mexicana, quienes por lo menos asisten a las fiestas en periodos vacacionales o vuelven a la localidad por el fallecimiento de familiares.

Después de las primeras salidas de las mujeres con sus esposos, las que también decidieron irse a Estados Unidos fueron las madres solteras. El hecho de no tener cónyuge las obliga a trabajar. Por lo común se dedican al comercio de pescado o alimentos, sobre todo en el mercado de Pinotepa Nacional. Algunas se insertan en las mismas actividades productivas que sus padres, debido a que comparten el hogar con ellos. Esto les permite generar ciertos ahorros para afrontar situaciones extraordinarias, como enfermedades de sus hijos, o para realizar alguna celebración particular.

Sin embargo, algunas decidieron utilizar sus recursos para cruzar la frontera. En estos casos, la tutela de los hijos recae en sus padres. Ella parte hacia Estados Unidos con la responsabilidad de enviar recursos económicos no sólo para su descendencia, sino además para sus progenitores, como una forma de agradecimiento por los cuidados brindados a los pequeños. Josefina Mayrén, madre soltera que está de regreso en Corralero, comenta sobre su vivencia migratoria:

Cuando yo me fui, tuve que comprometerme con mis papás a que les estaría mandando dinero, porque ellos estaban cuidando de mi chamaquita, ni modo de decirles que no. Ellos ya están grandes, así que también tenía que mandarles dinero para que se compraran ropa o medicinas cuando estaban malos, es una manera de agradecer pues, porque no me podía llevar a Lluvia conmigo. Pero la verdad es que no me fue tan bien. Trabajé en un hotel de Kentucky, limpiando la cocina y lavando trastes, pero fue bien difícil. Estaba ahí todo el día, me enfermaba mucho, todo el tiempo estaba prendido el clima [aire acondicionado] y eso me hacía daño. Pero no creas que me decían: “vete a tu casa, cúrate”, no, nada, tenía que estar ahí siempre con gripas, por eso me corrieron. La verdad es que no me impuse, no me acostumbré, tampoco la comida me gustó, así que también me enfermaba de la panza, a veces estaba toda inflada y eso me ponía de malas. No, la verdad no la pasé bien, por eso me regresé después de dos años, no la hice…13

A pesar de que Josefina “no la hizo”, al volver a Corralero contaba a sus amigas y conocidas sobre cómo se las arregló para cruzar y encontrar empleo, sobre las personas que conoció allá, de diferentes nacionalidades, los paisajes, en fin, una forma de vida muy distinta de la de la localidad. No obstante, gracias a la experiencia que obtuvo en “el norte”, ahora trabaja en Pinotepa en un pequeño restaurante, donde se encarga de la cocina y algunas veces de las compras para la preparación de alimentos. Las vivencias emitidas por mujeres como Norma y Josefina incentivan a otras a migrar, en especial a aquellas que aún son solteras.

Por otro lado, tenemos el caso de las mujeres separadas que viven con sus padres. Ellas optan por migrar cuando el padre de sus hijos no les brinda los recursos necesarios para la manutención y cuidado de los niños. Este tipo de migración femenina es apoyada por los padres de la mujer y consiguen el dinero para que su hija se vaya. También las mujeres a veces cuentan con la ayuda de los hermanos y unos cuantos amigos. Si la expareja de la mujer que pretende irse reside en la localidad, no le brinda apoyo económico alguno: antes bien, hay muestras de indignación por lo que considera “el abandono” de su(s) hijo(s). Pero no siempre las mujeres pueden migrar, y en ocasiones es probable que uno de los costos que deban pagar por permanecer en la localidad sea el abandono de parte de sus cónyuges. Éstos son los factores principales -aunados a la falta de empleo- por los que las mujeres solas emprenden el largo trayecto migratorio. Pese a todo, una vez realizado el cruce, las cosas suelen complicarse para algunas de ellas al no conseguir trabajo de manera inmediata, y porque el dinero obtenido se destina al pago de los préstamos recibidos para su partida. Ésta es una situación de estrés para sus padres, ya que no siempre disponen de los recursos económicos suficientes para la alimentación y el cuidado de los nietos dejados a su cargo.

Asimismo, hay mujeres jóvenes, solteras y sin hijos, cuya edad promedio oscila entre los 17 y 23 años, que deciden emprender la salida hacia Estados Unidos. En esta clase de situaciones, las redes de amigas que ya residen allá son fundamentales. Las amigas suelen mantener comunicación telefónica y a veces por internet.14 Muchas de ellas han sido compañeras de escuela o vecinas, y eventualmente han entablado alguna relación de parentesco ritual, hecho que profundiza sus vínculos y solidaridad. Incluso en ciertas ocasiones mantener lazos tan estrechos ha propiciado que aquella que está laborando en el norte determine prestar dinero o conseguir entre sus pares un monto suficiente para que la amiga cuyo plan es irse a Estados Unidos pueda hacerlo (varios padres de familia dieron cuenta de estos escenarios). De hecho, las muchachas, en su mayoría, deciden guardar en secreto sus preparativos de viaje por diversos factores: en primera instancia, destaca la negativa inicial de las familias para que las mujeres migren solas; en segundo lugar, se teme que la chica en vez de dirigirse al norte se fugue con su pareja; por último, los familiares prefieren que sea algún varón del grupo doméstico el pionero, así que cuando las jóvenes externan sus deseos de partir, la negativa es rotunda. Algunas de ellas trabajan; por lo tanto, además del apoyo que sus amigas o comadres puedan darles, ellas tratarán de recabar algunos fondos para complementar los gastos del traslado.

La salida de las muchachas se produce en el transcurso del día para evitar suspicacias, contrario a lo que sucedería si se fueran de noche, ya que es percibido de manera negativa que una mujer camine sola por las calles del poblado. Si alguna muchacha ya decidió irse, seguirá los mismos pasos que sus amigas para trasladarse a Estados Unidos, es decir, buscar a los mismos polleros o llegar a algún punto de la frontera norte que se les indique y esperar instrucciones. Por lo regular los padres de las jóvenes, al notar la prolongada ausencia de las hijas fuera de la población, comienzan su búsqueda, primero con los familiares, después con la familia del novio, si es que existe, y, al final, acuden con las amigas más cercanas. En general estas últimas tratan de ser evasivas, hasta que confiesan la verdad sobre el trayecto de la joven mujer, sobre todo cuando consideran que será difícil alcanzarla. Una vez conocida la noticia, lo único que resta es esperar; el señor Efrén Mariche señaló:

Sí, mi hija así se fue, nunca nos dijo nada, ni cuenta nos dimos que iba sacando su ropa de a poquito. Como nosotros dos trabajamos, pues tampoco estamos todo el tiempo tan al pendiente. Y de repente ya se ocultó el sol y de la Lupe, nada, ¡ni una noticia! El de la camioneta dijo que nomás la dejó allá en la terminal en Pino [Pinotepa] y nomás, pero que no llevaba maleta grande ni nada. Pero cuando revisamos el ropero, sí faltaba algo de ropa. Ya luego Carmen [su amiga] nos dijo que se había ido pa’ allá, al norte. Pero que iba a estar bien, y que más bien teníamos que esperar a que llegara a Tijuana para hablar por teléfono. Eso fue en el año 2004, y de ahí ya no ha regresado. Pero sí sabemos que está bien, nos manda a veces algunos centavos, pero yo no sé a qué se fue, si ni obligaciones tenía, eso es para los hombres o las mujeres que ya tienen chamaquitos, pero Lupe no tenía nada de necesidad, pero ni modo, ya está allá.15

Carmen, una de las amigas que ayudó a Lupe a partir, relata al respecto:

Pues es que aquí así le hacemos las amigas. Ella ya había decidido irse y como ya otras dos más de la escuela se habían ido, pues que la animan. Pero también hay otras así, que así se van. Ya cuando llegó allá y tuvo su trabajo, nos estuvo pagando poco a poco y ahorita ya tiene casi cuatro años que se fue. Yo no me fui porque me quedé y me casé, pero sé que en algún momento cuando tenga un apuro, ella también me va a poder ayudar, pues es que solamente así. A veces ni la familia la quiere ayudar a una, dizque nomás por ser mujer, pero ya ves, también nos podemos ir para allá.16

La solidaridad femenina en los últimos años está adquiriendo un papel relevante para que las mujeres de Corralero puedan migrar. En el estudio de caso de las mujeres chinantecas que migran hacia Estados Unidos, Edna Peña (2004) menciona la importancia de los apoyos femeninos para el mantenimiento de la migración de mujeres, sean o no miembros de la misma familia. Retoma el concepto de espacios-puente para hablar de esta dinámica; estos espacios

…aparecen en las distintas formas de asociacionismo, en los que la experiencia cotidiana pone de manifiesto que las mujeres vivimos principalmente en redes con otras mujeres, lo que implica mujeres ligadas por lazos diversos de parentesco y consanguinidad así como de amistad y de colaboración en trabajos comunes. Se ha recalcado el papel que cumplen estos espacios puente como forma de identificación con el espacio interior.17 Cuando las mujeres chinantecas están en “el norte”, se apoyan al recibir a las recién llegadas en su departamento por un tiempo, mientras se instalan, se “conectan” para conseguir trabajo, cuidan entre ellas a sus hijos(as) pequeños, cuando enferman se ayudan también [Peña, 2004: 499].

Los momentos de tensión y conflictos que surgen en la coyuntura de la salida pueden dirimirse con el transcurso del tiempo, sobre todo cuando las remesas son enviadas con relativa frecuencia para beneficio de los miembros del grupo doméstico de origen, en especial para los padres y hermanos menores.

Así, observamos que la migración conlleva cambios significativos respecto a los roles y la jerarquía de las mujeres, aunque esto no necesariamente dé como resultado que las diferentes formas de violencia ejercidas en la localidad hacia ellas aminoren. Un elemento común es la puesta en duda de su “honorabilidad”, comentarios que son acuñados no sólo por los varones, sino también por parientes femeninos, y que aluden a la liberalidad de costumbres concernientes a la sexualidad. Para los padres de las migrantes solteras jóvenes, el hecho de que sus hijas salgan del hogar sin notificación alguna redunda en un estigma, puesto que se ve fuertemente cuestionado el modo de ejercer la autoridad, sobre todo la del padre. En múltiples ocasiones, a las primeras en culpar de las salidas es a las propias madres, en virtud de que se les adjudica el cuidado inmediato de la prole y la transmisión de valores “tradicionalmente femeninos” a las hijas.

Estos hechos inciden de manera importante en los niños, particularmente entre los hermanos y hermanas menores. Para estas últimas, el que sus hermanas más grandes hayan decidido irse les genera una sensación ambivalente: por un lado, algunas expresan orgullo y admiración, no sin mencionar cierto grado de preocupación compartida con el resto de la parentela; y por otro, observan este suceso como un acto de “rebeldía” y desobediencia. Al preguntar a algunas niñas sus opiniones sobre esto, comentaron:

¡Mi hermana se fue sola al norte! Ella quería conocer, saber más de la vida y por eso se fue. A lo mejor cuando yo crezca como ella también me voy a ir a alcanzar[la], bueno, eso si no me caso antes [Leidy, nueve años].18
Ella se fue así nomás. Yo lloré, pero habló por teléfono y se me pasó. Yo creo que hizo bien, aquí somos bien pobres [Soledad, 13 años].19
Yo creo que estuvo mal. Ella se fue sin el permiso de mi papá, yo creo que cuando regrese él le va pegar [Antonia, diez años].20
Mi hermana hizo mal, muy mal. ¿Tú sabes todo lo que les pasa a las mujeres que salen solas? Quién sabe ahora qué andará haciendo y con quién se junte [Juana, 11 años].21

Por su parte, los niños tienen una opinión compartida con el resto de los hombres de la familia. Para los jóvenes, el que sus hermanas salgan primero es una mala señal. Se pone en cuestionamiento su “hombría”, ya que lo esperado es que sean ellos los primeros en irse. Los amigos y familiares suelen hacer bromas al respecto, diciéndoles que, si llegan a casarse, sus mujeres serán las migrantes y ellos se tendrán que quedar en casa cuidando niños. Este tipo de comentarios son reproducidos por los pequeños, refiriendo burlas hacia los hombres de la familia de manera constante. Algunos de ellos no contemplan en sus planes inmediatos ir a Estados Unidos, así que deben asumir esta situación de la mejor forma posible, es decir, soportando los chistes, hasta que poco a poco son menos agresivos. Al preguntar a los niños lo que piensan sobre las hermanas mayores que se van al norte solas, mencionaron lo siguiente:

Pues está rete mal. Ellas saben que está mal porque siempre se van a escondidas y no avisan a nadie. Si fuera bueno, lo dirían a todos, como cuando mis tíos se fueron [Brayan, 12 años].22
Yo la verdad no creo que todas estén en el norte, han de andar por otro lugar. A lo mejor nomás llegan a Acapulco y nomás dicen que andan hasta allá [Ernesto, 13 años].23
Pues yo a veces siento feo, es mi hermana y la extraño. Luego mi mamá lloraba mucho cada vez que contaba que ella se iba. Estaba bien que se fuera, porque aquí hace falta dinero, pero por ella mi mamá está triste y enojada [Julián, 12 años].24
Pues ya ni sé, mis papás se enojaron mucho, pero también ya hay más espacio para nosotros. El problema de verdad va a ser cuando regrese, ojalá ya no regrese [Artemio, 12 años].25

Las opiniones vertidas producen entre los propios pequeños momentos de discusión en torno al tema. Ya sea que se manifiesten en favor o en contra, a partir de sus experiencias personales otorgan una razón de ser específica a la migración de sus familiares y conocidos, en especial cuando son sus padres los que se han ido. La migración de sus hermanas les genera asimismo una percepción en donde internalizan las salidas hacia Estados Unidos como un hecho relativamente común, aunque todavía no es posible generalizar.

Entre los afrodescendientes de la Costa Chica todavía no puede hablarse a cabalidad de la existencia de una cultura de la migración como la observada en las regiones expulsoras de mano de obra migrante circunscritas a la zona centro-occidente de la república, la cual se fundamenta en realizar salidas internacionales como un “rito de paso” necesario para llegar a la edad adulta (Kandel y Massey, 2002; López Castro, 2007). Con todo, las diferentes aristas que ciñen el fenómeno migratorio en la región nos ayudan a comprender el dinamismo que este proceso social trae consigo en un marco económico y cultural particular. Esto nos permite coincidir con aquellos autores que se refieren a la imposibilidad de intentar hablar de “la migración en general” y de derivar leyes y teorías totalizadoras que rijan la dinámica migratoria de las poblaciones, sin considerar la especificidad que debe enfrentar cada grupo social para sortear y maximizar este evento (Arizpe, 1985; Massey et al., 2000; Portes, 2007).

Las madres que se van y las incidencias en el proceso de crianza

Mis papás se fueron, pero fíjate que extraño más a mi mamá. Ha de ser porque soy mujer y necesito alguien muy cercano con quien platicar.
María Luisa, 12 años
Cuando mi papá se fue me sentí triste, pero luego que se fue mi mamá, nomás no podía, estuve muy triste, más triste que con mi papá, a veces sueño que estoy con ella, pero no sé, no sé cuando la voy a ver.
Francisco, 11 años
Yo creo que es más pesado cuando se va tu mamá, como sea ella es la que nos cuida más. Yo cuando tenga hijos no voy a dejar a mis niños, no voy a ser como mi mamá.
Yolanda, 9 años

Los flujos migratorios internacionales de la población de Corralero se conformaron en un principio por los varones jóvenes y padres de familia; la inserción de las mujeres en esta migración ocurrió después. El interés de presentar la información alusiva a este tópico obedece a los testimonios que los propios niños manifestaron sobre el tema, al ser la ausencia de la madre una inquietud recurrente que comparten y socializan en distintos momentos.26

Si nos remitimos a los postulados teóricos desarrollados en torno al proceso de parentalidad,27 es posible advertir la importancia de la generación de vínculos entre los padres y los niños de acuerdo con los órdenes culturales de pertenencia. En la creación de tales lazos, la figura de la madre cobra un papel relevante, sobre todo debido a que la presencia materna cubre la parte de incompletud con la cual los seres humanos nos encontramos en la primera parte de nuestras vidas (Solís-Pontón, 2004: 12-13). El hecho de proveer determinados satisfactores provoca en los pequeños un estado de bienestar que les posibilita seguir con un desarrollo emocional óptimo, que puede ser puesto en marcha cuando la madre se ausenta, ya que existen los mecanismos que permiten a los niños evocar los cuidados maternos y tener cierto grado de satisfacción al recordarla y añorarla, en tanto constituye una figura permanente u “objeto no cambiante” en las estructuras familiares (Solís-Pontón, 2004: 12-13).28

En Corralero, los niños viven una situación que los coloca en una posición de ambivalencia e inquietud constante a raíz de la salida de su madre. Están por un lado aquellos pequeños que han sido dejados en la localidad a escasos meses de nacidos; por otro, los que han dejado de ver a su mamá cuando tenían en promedio de tres a diez años y, finalmente, los que la ven partir entre los diez y los 13 años. Respecto a las madres migrantes ubicamos a aquellas que son madres solteras y las que tienen cónyuge, estas últimas pueden permanecer un tiempo solas con los niños en la localidad, y más tarde buscar los medios para alcanzar al esposo en el norte.

De acuerdo con Marina Ariza (2002), en las familias de migrantes internacionales

...la ausencia de la madre parece tener un efecto desestabilizador más fuerte sobre la familia que la ausencia del padre, pues -en contraste con lo que acontece en la dinámica intrafamiliar en los casos de emigración masculina- ellos no asumen los roles domésticos, sino que delegan en otros parientes el cuidado y la atención de los hijos [Ariza, 2002: 72].

Éste es uno de los puntos de tensión en la localidad afrodescendiente de estudio, justo cuando las mujeres no pueden apoyarse en sus propias madres (abuelas de los niños) u otras mujeres para “encargar” a sus pequeños, pues las salidas femeninas hacia el norte son más recurrentes, y ello implica que los niños cambien de casa o tutela cada vez con mayor frecuencia.

En ocasiones, cuando una madre tiene dos o más hijos el proceso de crianza recae en los hermanos mayores, quienes fungen como protectores de los más chicos. Estos hermanos mayores por lo general están por entrar a la adolescencia, asumiendo el rol de adultos. Son en especial las jóvenes quienes adquieren este papel, dado que se están preparando para ser madres. Ellas los defienden de posibles agresiones, tratan de estar al tanto de su alimentación, tareas y juegos. Las jóvenes dicen que ven a sus hermanos como “hijos de crianza”. Al respecto Díaz apunta:

Algunos de los factores que impulsan a dejar a un hijo en crianza son: que el padre no reconozca la paternidad, separación de los padres, migración por causas de trabajo, recasamiento de la madre, el número de hijos concebidos y la muerte de la madre o de ambos padres; adicionalmente llega a influir el sexo del niño, su apariencia física y el color de la piel. En contraparte, las condiciones que propician que una mujer se convierta en madre adoptiva son: haber concluido su periodo reproductivo y que sus hijos ya estén casados y sean independientes, o nunca haber tenido hijos propios, o rebasar la edad en que es posible la procreación o el recasamiento [2003: 162].

Compartir la crianza de los hermanos con las abuelas y tías le da la oportunidad a las niñas de obtener el conocimiento necesario sobre el cuidado de los pequeños, mismo que será puesto en práctica cuando tengan a sus propios hijos. Inclusive hubo quienes expresaron que para ellas está bien que sus papás se encuentren fuera de la localidad, porque si no serían como el resto de sus amigas, que no saben “ni cambiar de ropa a un bebé o a un niño más grande”. Cosa distinta sucede con los hermanos varones, quienes demuestran un claro disgusto si del cuidado de sus hermanos se trata, suelen decir que ése “es trabajo de mujeres”. Esta apreciación resulta de las diferencias genéricas practicadas entre la población de la Costa, donde el cuidado de los infantes es responsabilidad exclusiva del sector femenino.

Es que hay niñas que luego nomás se quejan de que están cuidando a sus hermanos, yo no, yo creo que está bien que los esté cuidando, así para cuando ya sea más grande, ya no voy a tener problemas para ver crecer a mis hijos, porque voy a tener muchos hijos. Pero yo no me voy a ir y dejarlos por ahí, si me voy, se van conmigo, así pues [Gabriela, 11 años].29
Es bonito ayudar a cuidar a los hermanos, me gusta también ir a comprarles la ropa y los zapatos, yo se los escojo, así ya me enseño a ver por mi familia para cuando ya me case. Lo que todavía no sé bien es hacer de comer, pero yo creo que con la práctica [Rosario, diez años].30
¡No! A mí no me gusta cuidar chamaquitos, son chillones y nomás se caen, son las mujeres y las niñas las que deben cuidarlos. Luego como no caminan bien se andan cayendo, no, eso no es pa’ hombres [Feliciano, diez años].31

Es habitual que los niños de menor edad pidan alimentos a sus hermanos o que les soliciten dinero para los dulces (que tienen que pedir a los abuelos o tíos y primos). Por otro lado, a los hermanos mayores no les agrada la idea de ser “cuidadores”, ellos ven esto como una falta de libertad, ya que todo el tiempo deben estar pendientes de lo que pase con los más pequeños. En contraste con lo que piensan las muchachas, ellos consideran que no es conveniente que su mamá los haya dejado solos. Son ellos quienes dicen con mayor frecuencia que en cuanto puedan y tengan la posibilidad buscarán insertarse en alguna actividad económica complementaria para dejar de “cuidar hermanitos”. Sin embargo, a pesar de las quejas y las malas actitudes, no dejan de asumir un rol protector. Aunque no en todos los casos existe la figura del hermano o hermana mayor, sí está presente la de tíos y primos adolescentes.

Algunos abuelos aún tienen hijos solteros que pueden ser jóvenes de alrededor de 18 años o incluso menores. Es factible que los nietos lleguen a ser vistos como “hermanos” de estos jóvenes. Lo usual es que los tíos constituyan un fuerte aliado para los niños que han sido “encargados” con los abuelos, ya que pueden jugar con ellos y evitar que “el pesar” o la tristeza los invada. Paulatinamente, los chicos se van integrando a la cotidianidad familiar y, como resultado, surgen algunas riñas entre los niños por malos entendidos en los juegos, que nunca son de trascendencia.

Los tíos, sobre todo aquellos que aún son jóvenes, tienden a adoptar en un primer momento un rol de padre (o madre) sustituto(a). Suelen ser autoritarios y hablar “en nombre de tu padre o madre”, y así ordenan a los niños realizar algunas tareas, sobre todo a ir por los mandados y actividades de limpieza en la casa. Si el tío y el sobrino tienen casi la misma edad, existe la posibilidad de conflicto, en especial si el sobrino se resiste a acatar las órdenes dictadas por su tío o tía. Es habitual que el tío se dirija hacia su sobrino como “la visita”, mostrando cierto rechazo a su presencia. A decir de algunos entrevistados, varios de ellos sienten que los niños pueden quitarles el cariño de sus padres.

Empero, también se da el caso en el cual, sobre todo las tías, se muestran mucho más cordiales con los niños recién llegados. Ellas efectivamente asumen un rol “maternal”, al tratar de cuidar de los niños tanto como los abuelos; por lo regular son ellas quienes desempeñan un papel determinante para los infantes, puesto que se encargan de hablarles la mayor parte del tiempo de su madre o padre. Evocan recuerdos, juegos, travesuras conjuntas, que les brindan a los niños la posibilidad de “imaginar” en el aquí y el ahora a una madre ausente. Algunas veces las mujeres estériles tienen una función central como cuidadoras, aunque la tutela de los niños haya quedado a cargo de los abuelos (Vandermeersch, 2002).

Se presentan diferentes escenarios al quedarse los niños bajo la tutela de sus abuelos y parientes: a) cuando los infantes deben cambiar su residencia hacia las unidades domésticas de origen de la madre o del padre, puesto que los padres vivían “aparte”; b) aquellos donde van del grupo doméstico materno al paterno y viceversa, y c) en los que permanecen en los solares familiares donde los padres han vivido desde su conformación como pareja.

Los dos primeros casos son los que conllevan un mayor cúmulo de conflictos, puesto que debe adecuarse el espacio familiar para la llegada de uno o más niños. Esto provoca fuertes tensiones si hay otra familia residiendo en el solar junto con los abuelos. No sólo hay una disputa por el espacio que ocupan los pequeños -y los inevitables roces con los otros menores del hogar-, también aparecen reclamos a los abuelos emitidos por el hijo(a) que vive con ellos, por los “privilegios” dados a los hermanos migrantes al cuidar de sus pequeños. Con el paso del tiempo la tensión aminora, aunque se mantiene latente el malestar. Pude registrar casos en los que estos malestares entre los miembros de la familia que no migran se ven resarcidos cuando se reciben los primeros envíos de dinero, destinados en su mayoría a saldar las deudas adquiridas para pagar a los polleros. Este punto constituye una preocupación central para los familiares de los migrantes, ya que la mayoría de las veces los préstamos se solicitan a personas que cobran un porcentaje sobre el monto total del empréstito monetario.32

En esta clase de conflictos alusivos a la disputa sobre los bienes remitidos y la autoridad, no podemos dejar de observar la importancia de las mujeres como un punto de quiebre en las relaciones sociales familiares “tradicionales”. El hecho de que ellas también emigren y envíen remesas para los hijos y para el núcleo familiar de origen, sobre todo para sus propios padres, les otorga un papel relevante. Ya no sólo son aquellas que acompañan al esposo para brindar atención y cuidados domésticos, sino que además forman parte del mercado laboral y, por tanto, tienen injerencia en la toma de decisiones, a pesar de la distancia. Pese a que la literatura especializada sobre la migración y las remesas alude a los distintos procesos inherentes a los cambios familiares en las localidades de origen y destino -en particular en los desequilibrios y dobles jornadas de trabajo femenino (Ariza, 2002; Suárez y Zapata, 2004; Nemecio y Domínguez, 2004)- es posible advertir, asimismo, un proceso que cuestiona la figura del varón como autoridad total. Vania Salles y Rodolfo Tuirán señalan:

La creciente participación de la mujer en la actividad económica puede tener dos diferentes desenlaces. El primero de ellos fortalece la institucionalización de la doble jornada de trabajo y la reproducción de los papeles masculinos y femeninos tradicionales. El segundo implica una nueva relación basada en asimetrías matizadas, posibilitando nuevas pautas de convivencia entre hombres y mujeres en el interior del hogar y creando nuevos espacios para la democratización de dichas relaciones y el trabajo doméstico compartido, lo que conduce a un nuevo balance entre derechos y obligaciones [1996: 138].

El hecho de que las mujeres “complementen” los envíos de dinero del esposo a la localidad de origen genera algunas tensiones entre las familias. A través de los contactos telefónicos las mujeres dan a conocer que ellas también están aportando migradólares (Sinquin, 2004); en consecuencia, ellas pueden mandar instrucciones para el uso del dinero en casos muy específicos, en especial en aquellos relativos al cuidado de sus hijos. Si los niños quedan bajo la supervisión y cuidado de los padres de la esposa no existen problemas significativos; pero cuando los pequeños quedan a cargo de los abuelos paternos la situación se torna tensa, pues el hecho de que la mujer llame por teléfono para decir en qué desea que se invierta su dinero les produce malestar. Surgen fuertes cuestionamientos al papel de proveedor del varón, además de que se socializa la idea de que la mujer “empieza a ser como las gringas”.

Cuando las madres migrantes hablan con sus hijos e hijas les comunican sus decisiones para que los adultos cuidadores las pongan en marcha, por ejemplo, cuando el envío de dinero es para comprar ropa para los niños o sufragar gastos escolares (uniformes, materiales, inscripciones a la escuela o cooperaciones). Así, los pequeños ya saben que los recursos existen y, por consiguiente, piden a sus tutores la compra de los objetos puesto que su “mamá envío el dinero”. Ante esta clase de demandas, los abuelos y la parentela paterna suelen decirles a los pequeños que en realidad son ambos padres quienes remiten el dinero, no únicamente la madre. Con ello se trata de demostrar que es el padre el principal proveedor de la familia, aunque los niños tienen sus opiniones al respecto:

Pues quién sabe, luego me dicen “ya mandó dinero tu papá”, pero mi mamá también me dice que ella manda también. Ahora que mi mamá ya vive en el norte ya tiene su propio dinero, ella se compra también sus cosas para ponerse, alguna medallita o zapatos. Si ella no se hubiera ido, a lo mejor estaría como las señoras de aquí, que nomás estrenan en las fiestas, y eso porque los esposos les compran. En cambio nuestras mamás que están en el norte ya no son así, ellas también ya pueden comprar, es diferente como aquí [Mariana, nueve años].33
Mi mamá y mi papá mandan, pero no es nada más mi papá, como me dice mi abuelita, también mi mamá está allá trabajando. ¿Si no pa’ qué se fue?, pues para trabajar, no es nomás mi papá. Yo sé porque a veces mi mami me platica, me dice que ella también está dando dinero, que no es nomás mi papá [Sonia, 12 años].34
Luego mi abuelito se enoja porque dice: “ora resulta que es la mujer la que manda el dinero”. Pero sí es cierto, luego mi papá no manda para nosotros, porque dicen que también allá hay muchos gastos, como todo hay que pagarlo en dólares es pesado. Por eso mi mamá es la que manda más dinero para acá, mi papá para allá, y mi mamá para acá, así la están haciendo. Pero luego mi tía Fina dice que no, que todo lo manda mi papá. Pero no es cierto, si un día hasta él me dijo que también manda mi mami, ni sé por qué se enojan tanto [Iris, 13 años].35

Los procesos de cambio y reajuste en las unidades familiares como resultado de la migración internacional pueden darse en distintos niveles (Guarnizo, 1997; Martín, 2007), no obstante, la salida de las mujeres supone también redefiniciones en los roles genéricos (Hondagneu-Sotelo, 1994). Podemos decir que:

las prolongadas separaciones físicas de sus hijos -que se ven obligadas a realizar las migrantes trabajadoras de origen latino en Estados Unidos- han terminado por expandir el sentido tradicional de “maternidad” que comparten, muy vinculado con el apoyo moral y afectivo, para dar cabida también al rol de proveedora material [Ariza, 2002: 70].

Y esta situación es la que viven las mujeres migrantes de Corralero. A pesar de ello y de que se matice en cierto grado la preeminencia de los varones como las figuras de autoridad más importantes dada su condición de proveedores tradicionalmente asignada, las estructuras persisten y todavía se advierte cierta subordinación femenina dentro de las unidades familiares. Empero, de acuerdo con las opiniones de los niños y las niñas, es posible que se rearticule la percepción en torno a las “nuevas” actividades femeninas y las responsabilidades obtenidas.

Conclusiones

Los patrones familiares en el marco de la globalización han adquirido una fisonomía que ya no se limita a la idea “tradicional”, desde la cual se contempla la presencia de padres e hijos en las familias nucleares y de otros parientes en las familias extensas. La conformación de esta nueva tipología familiar en el mundo es producto de múltiples factores, donde las libertades individuales y la búsqueda de opciones de vida alternativas cuentan en múltiples casos con marcos jurídicos que las respaldan.

Amén de las decisiones individuales, otro factor de cambio en las dinámicas dentro del entorno familiar es, sin duda, la migración, incentivada por los crecientes procesos de transformación a raíz de la incidencia negativa en materia económica a propósito de la instauración del neoliberalismo a escala planetaria, y sus respectivas consecuencias de pauperización en los países en vías de desarrollo. Con la variedad y aumento de los flujos migratorios, notamos un cambio sustantivo referente a la manera de migrar, ya que:

si bien en el pasado era un evento individual arreglado desde la unidad familiar, en cierta forma de relevos, hoy en día la migración puede iniciar con una persona, generalmente el jefe de familia, y seguir con el resto de la familia en un evento de tipo colectivo, a veces sin retorno [Montes de Oca, Molina y Ávalos, 2008: 132].

En particular, la migración femenina en una zona de reciente migración, como es la región de la Costa Chica de Oaxaca, supone cambios en la dinámica familiar. De acuerdo con el trabajo de campo realizado en la localidad de Corralero, es posible advertir transformaciones y resignificaciones en torno a la capacidad de agencia y autonomía de las mujeres, hecho sin duda importante en un contexto caracterizado por la violencia hacia ellas. En especial sus hijos, y niños en general, son quienes generan percepciones distintas respecto a los adultos acerca del papel de las madres migrantes. Ellas, más que acompañantes, son también percibidas como proveedoras, situación que evidencia un nuevo modo de interacción en las parejas.

Un aspecto fundamental en el caso presentado obedece al proceso de crianza y circulación de niños sustentado en la matrifocalidad de las formas de parentesco entre los afrodescendientes. Lo reseñado revela que los “niños circulan” no sólo ante el recasamiento de la madre, sino que su “circulación” en diferentes núcleos familiares es cada vez más frecuente. Esta circunstancia manifiesta una coyuntura específica afectada de manera directa por la migración internacional, en donde brindar cuidado y protección requiere la participación de más parientes y no sólo de las mujeres.

Por otro lado, en la localidad se mantiene la opinión de que las mujeres “abandonan” a los niños, como lo señaló Pedone en su estudio. Esta percepción, la cual representa el nivel de ideologización que se otorga a las mujeres en calidad de cuidadores, es paulatinamente cuestionada con el papel de proveedoras que ellas asumen. La incorporación del eje migración-familia-infancia es lo que posibilitó entender la arista de la migración femenina. Al prestar atención a los discursos y prácticas infantiles se pudo percibir un tema sustantivo en la dinámica social afrodescendiente.

Lo descrito en el artículo es un ejemplo de la importancia que la migración internacional ha ido adquiriendo en un área donde se complejizan las relaciones familiares en función de los nuevos escenarios que se presentan. Es una tarea permanente estar atentos a otros tipos de dinámicas cotidianas que pueden surgir en este contexto, como podría ser la maternidad a distancia y la interacción que nace entre integrantes de una familia separada geográficamente.

Suponemos que con la inserción de la migración internacional en el espectro de actividades económicas en la región se registrarán nuevas realidades de mediano y largo alcance, que impactarán en diferentes grados las vidas y el desarrollo cultural y social de los habitantes de la zona. En el marco de una agudización de las carencias económicas a escala nacional y con un entorno adverso donde se criminaliza la presencia de migrantes, se vuelve imperioso prestar atención a los hechos derivados del cruce indocumentado en zonas que recientemente se han integrado como un flujo a la oleada migratoria de mexicanos hacia Estados Unidos.


1.

fn1 Tesis para obtener el grado de doctora en Antropología, titulada “ ‘Cuando los padres se van’. Infancia y migración en la Costa Chica de Oaxaca”.

2.

fn2Para conocer con detalles puntuales las perspectivas teóricas y metodológicas del estudio de la migración femenina puede consultarse asimismo Ariza (2000).

3.

fn3En otros casos, también se habla de la figura de la mala madre. De acuerdo con lo señalado por Molinar y Herrera, el término se utiliza porque: “Los mandatos sociales exigen el cumplimiento de las expectativas ideales de ese papel social, las mujeres no deben contradecir la supuesta naturaleza, el deseo de ser madres y el saber hacerlo bien, es decir, querer, poder y saber hacerse responsables de sus hijos, amarlos y cuidarlos para que puedan valerse por sí mismos. Así, las malas madres son aquellas mujeres que no cumplen con este ideal de la maternidad socialmente construida con base en tres campos: el legal, el moral y el de la salud. […] En este sentido, ser mala madre es ser incapaz de sustraerse al mandato de género respecto a la función reproductiva y a la mitificación de la maternidad como ideal de género, no cumplir ni tener el instinto, ni el amor maternal, no sacrificarse, ni entregarse a los hijos y pueden tener desapego o destructividad hacia éstos” (2009: 105).

4.

fn4Aspecto que Agnès Fine (1998) ha definido como parentesco elegido. En este tipo de sistema se engloban las relaciones entre personas que no están vinculadas por la afinidad ni la consanguinidad, pero que establecen relaciones sociales basándose en las normas determinadas por las estructuras de parentesco de su sociedad con la finalidad de integrar, completa o temporalmente, a otro miembro al grupo doméstico.

5.

fn5Cabe mencionar que en la región de la Costa Chica los niños son prestados si el núcleo familiar de origen carece de recursos económicos suficientes para la manutención de una progenie numerosa. De acuerdo con Díaz, no se debe confundir la crianza con el préstamo, ya que: “Las diferencias más relevantes con la crianza consisten en que esta relación no se considera parental y no crea lazos duraderos; por tanto, los niños no generan derechos para heredar y, en consecuencia, no están comprometidos a tener actitudes de reciprocidad en la vejez de las personas para quienes trabajan. Tampoco utilizarán términos de parentesco para dirigirse o referirse a ellas. Su duración es variable y muchas veces breve, sin depender del afecto sino del cumplimiento de los quehaceres. Los niños prestados no pierden derechos dentro de su grupo de origen, siempre conocen y reconocen a sus padres. Tampoco incrementan su parentela puesto que se trata de otro tipo de relación” (Díaz, 2003: 164).

6.

fn6Los datos presentados fueron recopilados durante el trabajo de campo realizado entre 2007 y 2010.

7.

fn7Diagnóstico de Salud 2007, Centro de Salud Rural Disperso Núm. 28, Corralero, Santiago Pinotepa Nacional.

8.

fn8Agradezco al señor Jesús Mairén Vargas por la corroboración de datos, así como a las autoridades locales del periodo 2005-2008. Cabe mencionar que durante este periodo de gobierno local, las autoridades ejidales, encabezadas por el profesor Gregorio Bernal, retomaron la versión de la historia de la comunidad relatada por el señor Mairén para plasmarla en uno de los muros de la casa ejidal.

9.

fn9Guillermo Bonfil señaló que la presencia de población africana esclava en tierras americanas tuvo como resultado un proceso de etnogénesis en el nuevo contexto, dadas las diferencias en la adscripción de los esclavos de origen africano. Por tanto, abrevaron de la cultura indígena algunos elementos que conformaron su alteridad (Bonfil, 1991: 46).

10.

fn10Si bien se ha indicado que en América Latina migran hacia las urbes sobre todo las mujeres, autoras como Lourdes Arizpe dan cuenta de las particularidades de la migración femenina en casos como el de los indígenas en México, en donde no necesariamente ha sido así siempre, sino que esto responde a los contextos sociohistóricos que enfrenta la población rural. Una reflexión exhaustiva sobre este tópico puede verse en Arizpe (1985: 93-117).

11.

fn11Entrevista realizada el 20 de agosto de 2008 en Corralero.

12.

fn12Entrevista realizada el 5 de noviembre de 2009 en Corralero.

13.

fn13Entrevista realizada el 24 de enero de 2009 en Corralero.

14.

fn14Para tener acceso a la red deben trasladarse a Pinotepa Nacional, pues en Corralero todavía no se cuenta con el servicio.

15.

fn15Entrevista realizada el 10 de marzo de 2008 en Corralero.

16.

fn16Entrevista realizada el 15 de marzo de 2008 en Corralero.

17.

fn17De acuerdo con la autora Teresa del Valle, “la interioridad de un espacio está en relación de aquellas actividades que en una cultura se identifican con aspectos propios de la vida privada: el cuidado del cuerpo, la experiencia de la vida sexual y reproductiva, la elaboración de la comida y las experiencias de socialización, son algunas de las que aparecen con más frecuencia, sin embargo varía la gradación de su privacidad” (Del Valle, 1996: 102).

18.

fn18Entrevista realizada el 7 de enero de 2009 en Corralero.

19.

fn19Entrevista realizada el 4 de diciembre de 2008 en Corralero.

20.

fn20Entrevista realizada el 17 de agosto de 2008 en Corralero.

21.

fn21Entrevista realizada el 7 de noviembre de 2008 en Corralero.

22.

fn22Entrevista realizada el 15 de junio de 2008 en Corralero.

23.

fn23Entrevista realizada el 6 de diciembre de 2008 en Corralero.

24.

fn24Entrevista realizada el 6 de enero de 2009 en Corralero.

25.

fn25Entrevista realizada el 8 de enero de 2009 en Corralero.

26.

fn26Para una descripción más detallada del proceso histórico que dinamizó la migración en la región y la localidad puede verse Quecha (2011a y 2011b).

27.

fn27De acuerdo con los planteamientos de Leticia Solís-Pontón: “En la antropología, este vocablo designa el sistema de parentesco, como el conjunto de relaciones que existen entre los padres y los diferentes integrantes de una misma familia en una etnia, en una sociedad, y que definen comportamientos, los derechos y las obligaciones de cada uno. En contraste, la parentalidad implicaría, según el sufijo edad, la idea de estudio, de conocimiento. De esta manera podría considerarse que la parentalidad constituye el estudio de los lazos de parentesco y de los procesos psicológicos inherentes. La parentalidad necesita un proceso de separación, y aun de aprendizaje, no en el sentido de una pedagogía parental, sino como el trabajo que pone en evidencia el carácter complejo y los aspectos paradójicos del fenómeno natural de la reproducción humana” (2004: 11).

28.

fn28A pesar de esta aseveración, no debe olvidarse que la figura de la madre, en cuanto “objeto no cambiante de la estructura familiar”, no se ciñe siempre a la madre biológica; las madres sociales juegan un rol esencial ante la ausencia de la progenitora.

29.

fn29Entrevista realizada el 10 de agosto de 2008 en Corralero.

30.

fn30Entrevista realizada el 7 de enero de 2009 en Corralero.

31.

fn31Entrevista realizada el 8 de enero de 2009 en Corralero.

32.

fn32Los porcentajes de intereses que cobran algunos agiotistas locales oscilan entre cinco y diez por ciento mensual.

33.

fn33Entrevista realizada el 6 de noviembre de 2008 en Corralero.

34.

fn34Entrevista realizada el 29 de enero de 2009 en Corralero.

35.

fn35Entrevista realizada el 22 de mayo de 2009 en Corralero.

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Department of Anthropology UAM Iztapalapa

ALTERIDADES. Year 27, Issue 54, July - December 2017, is a biannual publication of the Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, División de Ciencias de Ciencias Sociales y Humanidades (Social Sciences and Humanities), Departamento de Antropología (Anthropology Department). Prolongación Canal de Miramontes 3855, Col. Ex-Hacienda San Juan de Dios, Del. Tlalpan, C.P. 14387, Ciudad de México and Av. San Rafael Atlixco 186, Col. Vicentina, C.P. 09340, Edif. F-001, Mexico City. Phone number: 5804 4600, ext. 2679. Journal’s web address: <http://alteridades.izt.uam.mx>. Email address:. Main Editor: Dra. Norma Jaramillo Puebla. Certificate of Rights Reserved for the Exclusive Use of Title of Journal N° 04-2015-112311463800-203, and-ISSN: 2448-850X, both granted by the Instituto Nacional del Derecho de Autor (National Institute of Author’s Rights). Person responsible for the last update of this issue: Dra. Norma Jaramillo Puebla, Unidad Iztapalapa, División de Ciencias Sociales y Humanidades. Last modified on December 2nd, 2017. File size: 6.8 MB
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