La economía étnica en perspectiva: del anclaje a la fluidez en la urbe global*

Berta Güell**; Sònia Parella***; Hugo Valenzuela García****

**. Unidad de Investigación Social Europea, Departamento de Antropología de la Universidad de Barcelona, y Grupo de Estudios sobre Inmigración y Minorías Étnicas (GEDIME), Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona. Avinguda Eix Central, ed. B, 08193, Bellaterra (Cerdanyola del Vallès), Barcelona, España. <berta.guell@ub.edu>., Universitat Autónoma de Barcelona, Departamento de Sociología, Universidad Autónoma de Barcelona,

<city>Barcelona</city>
, Spain, E-mail: , ***. GEDIME/Centro de Estudios e Investigación en Migraciones, Departamento de Sociología, Universidad Autónoma de Barcelona. Avinguda Eix Central, ed. B, 08193, Bellaterra (Cerdanyola del Vallès), Barcelona, España. <sonia.parella@uab.cat>., Universitat Autónoma de Barcelona, Departamento de Sociología, Universidad Autónoma de Barcelona,
<city>Barcelona</city>
, Spain, E-mail: ,
****. Laboratorio de Redes y Comunidades Personales (Egolab/GRAFO), Departamento de Antropología Social y Cultural, Universidad Autónoma de Barcelona. Facultad de Filosofía y Letras, ed. B, 08193, Bellaterra (Cerdanyola del Vallès), Barcelona, España. <hugo.valenzuela@uab.es>., Universitat Autónoma de Barcelona, Departamento de Antropología Social y Cultural, Universidad Autónoma de Barcelona,
<city>Barcelona</city>
, Spain, E-mail:



Resumen

La noción de economía étnica ha sido ampliamente discutida en la literatura sobre actividades económicas, migraciones y asentamientos urbanos multiculturales. Aquí se pretende realizar un análisis sistemático de las diferentes aproximaciones teóricas y metodológicas, a fin de contextualizar su evolución y problematizar el uso de ciertos términos propios del debate académico en torno a la economía étnica en el contexto de la ciudad global. El análisis se circunscribe en dos ejes: la relación entre economía formal e informal, y la naturaleza cambiante del espacio.

Received: 2015 February 3; Accepted: 2015 May 8

alte. 2015 ; 25(50)

Keywords: Palabras clave: migración, ciudad global, enclaves étnicos, movilidad, circulación, capital migratorio.
Keywords: Key words: migration, global city, ethnic settlements, mobility, circulation, capital flow.

Introducción

La noción de economía étnica ha sido objeto de un dilatado debate en las últimas décadas y desde diferentes escuelas de pensamiento y aproximaciones empíricas relacionadas con el fenómeno migratorio, las actividades económicas y los asentamientos urbanos multiculturales. Este concepto resulta crucial para entender las dinámicas del colectivo migrante emprendedor en la ciudad global, pues surge precisamente en el contexto de las primeras ciudades pluriculturales originadas a partir de los años setenta en Estados Unidos. Actualmente, la ciudad global es asimismo el "espacio natural" en el cual analizar las imbricaciones entre las diversas estrategias económicas (economías transnacionales, formales, informales, ilegales, etcétera) que emplean los distintos sectores o actores sociales (corporaciones internacionales, empresas nacionales, empresarios locales y étnicos, etcétera).

A pesar de la trascendencia de las iniciativas empresariales de las poblaciones inmigrantes urbanas, la reflexión teórica sobre la circulación migratoria, los espacios donde tales empresas emergen (teniendo que estar circunscritas "aquí" o "allá") y el tipo de estrategias económicas utilizadas ha sido escasa. Es justamente esta constatación la que ha motivado este artículo, cuya finalidad es identificar los elementos teórico-empíricos más importantes en torno a la noción de economía étnica, contextualizarlos en el tiempo, examinar su transformación conceptual desde sus inicios hasta la actualidad y problematizar el uso de terminologías excesivamente fijas y dicotómicas. Con el fin de sistematizar el análisis, el trabajo sigue una estructura dual: por una parte revisa la dimensión socioespacial y, por la otra, la interacción entre la economía formal e informal (véase Webb et al., 2009).

Si bien las principales aproximaciones teóricas a la economía étnica y al empresariado étnico pertenecen al ámbito anglófono, a menudo se ha obviado la relevancia de los aportes procedentes de una rica tradición francófona. Así, una de las contribuciones de este artículo es proporcionar un recorrido conceptual que permita poner en relación las aportaciones clásicas de la sociología anglosajona, la perspectiva interaccionista y, por último, el enfoque transnacional y las teorías francesas sobre la circulación y la movilidad (Cortès y Faret, 2009).

La economía étnica es un concepto "paraguas" que alude a aquellos empleadores y trabajadores que comparten una misma etnicidad (Light, 1972; Bonacich y Modell, 1980; Light y Gold, 2000). El enclave étnico constituye un tipo de economía étnica (Light et al., 1994; Light y Gold, 2000), definido por la concentración geográfica de empresas de propiedad de inmigrantes que contratan a una parte significativa de trabajadores coétnicos (Portes y Stepick, 1985; Kim, 2003: 804). En años recientes, no obstante, esta concepción y su insistencia en la concentración espacial han sido cuestionadas desde diferentes frentes, obligando a revisar las nociones sociológicas de lugar (place) y espacio (space) (Gieryn, 2000; Agnew, 2011; Logan, 2012).

Por una parte, el enclave, más allá de su dimensión geográfica, responde a un producto social nutrido por capitales y recursos que circulan a través de redes étnicas y sociales (Werbner, 2001; Zhou, 1998) susceptibles de adoptar una dimensión transnacional (Portes, Guarnizo y Haller, 2002; Stefoni, 2013). De forma paralela, una serie de autores (la mayoría geógrafos franceses) cuestionan la noción de empresariado inmigrante como algo dicotómico (aquí/allí, local/global...) y apuntan a procesos de circularidad y movilidad globales que desdibujan el espacio geográfico. En efecto, los procesos contemporáneos de expansión del capital y movilidad internacional ponen en jaque el presupuesto de la naturaleza estática, circunscrita y local del enclave. Si en el siglo XVII el lugar estaba subordinado al espacio y ambos al tiempo (Agnew, 2011), en la actualidad podríamos afirmar que el espacio ha conquistado el lugar (Friedman, 2005). El espacio trasciende progresivamente lo físico, inmanente y estático del lugar.

Mediante los procesos de hipermovilidad propios de la globalización (flujo acelerado de ideas, capitales, bienes y personas) los no lugares se reproducen en el contexto urbano (Augé, 1995). La compresión del tiempo y el espacio (Harvey, 1994) se disloca y el espacio pasa a percibirse como algo voluble, dinámico y líquido (Bauman, 1998; Soja, 1989). Las grandes ciudades posindustriales, en particular, actúan como nodos estratégicos de articulación de procesos de globalización, condensando no sólo hubs tecnológicos de comunicaciones, trabajo y transporte, sino también espacios de superdiversidad y contrastes, de los cuales destacan las sinergias entre la economía formal e informal. Por supuesto, en este entorno las categorías geográficas de distancia, lugar y espacio no han desaparecido, pero su percepción y significado han sido reformulados, afectando asimismo al modo en que las ciencias sociales tienden a interpretar los procesos sociales.

La literatura clásica y las teorías dominantes en las interpretaciones de la evolución de las economías avanzadas (tanto neoclásicas como marxistas) presagiaban en sus preceptos la progresiva integración de las economías étnicas en la economía más amplia (mainstream). Sin embargo, estas pequeñas economías no sólo han pervivido paralelamente al, o al margen del, mercado económico general, sino que muestran un considerable grado de reproducción, expansión y resiliencia en el contexto del espacio urbano (Rath et al., 2002; Valenzuela García, Parella y Güell, 2015). Además, aunque la economía informal sea un signo constitutivo, y a menudo estigmatizado, de las economías étnicas, por lo general éstas han operado en los tres registros económicos: subsector formal, informal e ilegal (Light y Gold, 2000). Empero, lo más relevante es que por virtud de esa "informalidad" la economía étnica representa hoy una alternativa efectiva de inserción laboral para trabajadores inmigrantes, sobre todo en contextos de crisis como el actual. Quizás de no ser así estos inmigrantes tenderían a ejercer actividades económicas "refugio", por ejemplo la venta ambulante (Molina y Díaz, 2007), se dedicarían a tareas ilegales o serían arrojados a las profundidades de la exclusión social.

Orígenes y desarrollo teórico en torno a las economías étnicas

Distintas teorías clásicas han enfatizado la concentración espacial como un rasgo característico de las economías étnicas y del enclave étnico, aduciendo a la congregación de negocios, residencias, trabajadores o empleadores en un mismo punto geográfico. También las teorías del mercado de trabajo dual (Piore, 1975), la de las minorías intermediarias (Bonacich, 1973) y la literatura de los distritos industriales (basados generalmente en la industria textil italiana y alemana) subrayan la concentración como ventaja competitiva y sus dinámicas internas de rivalidad/cooperación en cuanto factor tanto de competitividad como de resiliencia (Fernandez y Su, 2004: 556).

En sociología, y en esta dirección, destaca la escuela de Chicago. La noción de ecología urbana desarrollada por Park y Burgess en 1920 suponía una aproximación pionera a la ciudad, haciendo alusión a la analogía orgánica del nicho ecológico. La competencia por los recursos y el progreso de los diferentes sectores sociales se interpretaba, desde esta lógica, en clave de selección natural (Gieryn, 2000: 464). Mediante el concepto de zonas concéntricas se daba cuenta tanto de los procesos de sucesión en los espacios urbanos como de la distribución progresiva de distintos nichos socioeconómicos. A pesar de su simplicidad (dado que minimizaba aspectos como la etnicidad, la clase o la especulación inmobiliaria), algunos trazos teóricos de esta perspectiva, referentes a la regeneración de espacios urbanos degradados, son todavía identificables en ciudades como Barcelona (el Raval), Londres (Docklands Area) o Los Ángeles (downtown) (Davis, 1992).

Heredera de estos enfoques, la teoría de las economías étnicas surgió en 1970 con el objetivo de analizar la adaptación de distintas minorías étnicas a las nacientes urbes multiculturales estadounidenses (Kaplan, 1997) y sus patrones de sucesión espacial (Aldrich, 1975). Ajustada al contexto europeo, esta teoría se ha ampliado y diversificado, mostrando especificidades según las minorías étnicas, el tipo de mercado de trabajo, los factores culturales o estructurales, los aspectos de género o el contexto de recepción.

En Estados Unidos, Edna Bonacich (1973) popularizó la noción de minorías intermediarias (middleman minorities) como el germen de las economías étnicas. La autora se centró en colectivos de comerciantes especializados en la venta de productos específicos a otros grupos migrados. Estos intermediarios se distinguen por no compartir ni el origen étnico ni el espacio de residencia o comercial con su clientela habitual. Al regentar negocios que no implican una vinculación con el territorio, gozan de mayor movilidad y son más adaptables a las oportunidades del mercado (por ejemplo, barberos o sastres). Históricamente, existen determinados grupos étnicos relacionados con este pequeño comercio itinerante y diaspórico, como los judíos, los chinos o los indios (Bonacich y Modell, 1980). El caso de la economía coreana en Los Ángeles refleja bien este fenómeno. Comienza a desarrollarse a finales de 1970 y se expande a lo largo de 1980 (Lee, 1995). Aunque considerada al inicio una economía de enclave (Light et al., 1994), hoy muchos de estos coreanos consiguen crédito por canales externos, viven fuera del barrio y sus empresas operan en barrios latinoamericanos o afroamericanos empleando a trabajadores no coreanos (Kaplan, 1997: 218).

Los factores generalmente esgrimidos para explicar el funcionamiento de los llamados negocios étnicos remiten a rasgos culturales (tradición comercial, valor del emprendimiento) y al uso de redes étnicas que posibilitan el acceso a ciertos recursos (información, crédito, mano de obra) (Light y Gold, 2000). El argumento central apunta que los negocios étnicos aparecen cuando se requieren servicios no satisfechos por la economía general (bazares, locutorios, carnicerías halal, colmados, etcétera). Casi siempre, los empresarios inmigrantes ocupan nichos laborales abandonados por la población local, ya sea por su envejecimiento, por la falta de remplazo o por su movilidad social ascendente. De este modo, la economía étnica lleva a cabo un proceso revitalizante y reproductivo: contribuye a revitalizar zonas urbanas deprimidas y reproduce modelos socioculturales propios de origen (pautas religiosas, educativas, de consumo, entre otros) (Werbner, 1990; Valenzuela García, 2010).

Como caso particular de economía étnica, el enclave étnico responde a la concentración de empresarios y trabajadores étnicos en un espacio físico determinado, dando lugar a cierto grado de especialización sectorial (Kaplan, 1997: 215; Kim, 2003: 804; Kaplan y Li, 2006). Esta proximidad limita los costos de transacción, agiliza el acceso a factores de producción clave (capital o trabajo, por ejemplo) y abre oportunidades laborales para coétnicos. El barrio Little Habana en Miami, dominado por el colectivo cubano, ilustra bien este tipo de economía de enclave étnica (Wilson y Portes, 1980). Los empresarios y trabajadores suelen compartir etnicidad con los consumidores (Wilson y Portes, 1980; Portes y Bach, 1985; Portes y Manning, 1986; Light et al., 1994), lo cual redunda positivamente en la circulación de recursos. Autores posteriores han identificado procesos similares en el caso de la población coreana en Los Ángeles y mexicana en Chicago y Nueva York. Estos ejemplos han suscitado un amplio debate teórico en torno a cuestiones como la movilidad social (Sanders y Nee, 1992), la integración (Kaplan y Li, 2006; Pang y Rath, 2007), el espacio (Werbner, 2001; Zhou, 1998) o el transnacionalismo (Stefoni, 2013).

A menudo, el desarrollo del enclave genera, ya sea por saturación o por expansión, un efecto de centrifugación desde el centro hacia la periferia, extendiendo la economía étnica a los suburbios (Zhou, 1998). Este fenómeno se ha observado en el barrio del Raval de Barcelona con población pakistaní (Moreras Palenzuela, 2005; Valenzuela García, 2010; Güell, 2012), entre los cubanos de Miami (Portes y Jensen, 1989), en el caso de los empresarios indios de Lloret de Mar en Girona (Valenzuela García, 2013) o entre los coreanos de Los Ángeles (Ettlinger y Kwon, 1994). Considerando esta expansión, varios autores han señalado que la concentración espacial en un enclave étnico es una condición necesaria pero no suficiente para explicar sus rasgos. Asimismo, recursos étnicos, como la información circulan de igual manera a través de las redes tanto horizontales (dominando un sector económico) como verticales (compartiendo proveedores) (Werbner, 2001). Desde esta perspectiva, el espacio no sólo adquiere una acepción física, sino también social.

El enfoque estructuralista subraya la influencia de la estructura de oportunidades -y resta relevancia a los valores culturales- en cuanto elemento explicativo en el surgimiento de las economías étnicas. La opción del autoempleo se entiende más bien por la búsqueda de una alternativa ante el bloqueo y la segmentación del mercado laboral.

A partir de 1990, algunas perspectivas intentan conciliar lo estructural y lo cultural; Waldinger, Aldrich y Ward (1990) fueron los pioneros en lo que se ha denominado el modelo integrador, el cual, para explicar la tendencia al emprendimiento étnico, apela a la imbricación entre las peculiaridades del grupo étnico y la estructura de oportunidades de la sociedad de acogida. Con el fin de ajustar el planteamiento estadounidense al contexto europeo, Kloosterman, Van der Leun y Rath (1999) diseñan el modelo de la incrustación o imbricación mixta (mixed embeddedness) y enfatizan el papel de las estructuras institucionales, políticas y socioeconómicas en el origen y desarrollo de una economía étnica. El punto de vista local (aplicado a ciudades y barrios) revela que hay estructuras condicionantes en la presencia de negocios étnicos: preexistencia de comunidades étnicas y de nichos laborales favorables, normativas locales, leyes de extranjería, redes asociativas (de comerciantes, vecinos u otros integrantes) o roles de actores concretos (patronales, sindicatos, ayuntamientos, etcétera).

Aunque el modelo de la incrustación surge en los Países Bajos, se ha implementado en ciudades del Reino Unido (Ram, Theodorakopoulos y Jones, 2008; Jones et al., 2012), Chile (Stefoni, 2013), Australia (Peters, 2002), Finlandia (Katila y Wahlbeck, 2012) y España (Güell, 2012). En el estudio de las tiendas indias de suvenires localizadas en la costa catalana, Molina et al. (2013) y Valenzuela García et al. (2014) ilustran la presencia de redes sociales homogéneas y heterogéneas en función de la variable de clase de los miembros de un enclave. Mientras que los empleados muestran un patrón circular de emigración (india/España), los empresarios gozan de un notable nivel de imbricación mixta, integrando en sus redes tanto a compatriotas como a profesionales locales españoles.

El modelo de incrustación o imbricación mixta distingue tres submodelos: el neoamericano (anglosajón), el denominado Rhineland (propio de Europa Central con países como Francia, Alemania y Austria) y el nórdico (característico de Dinamarca y Suecia) (Kloosterman, Van der Leun y Rath, 1999). En el primero, el empresariado étnico no surge por falta de oportunidades en el mercado de trabajo general (open market) o en cuanto alternativa al desempleo, sino como una estrategia para obtener más ingresos y ascender en la escala social. El Rhineland, por su parte, exhibe una estructura dicotómica donde coexisten insiders con altos salarios y estabilidad laboral y outsiders con elevados niveles de paro e inestabilidad, que afectan a inmigrantes, jóvenes y mujeres principalmente. En este entorno, los inmigrantes encuentran incentivos para establecer su propio negocio frente a la exclusión. Sin embargo, la carencia de capital humano y financiero relega a estos negocios a los estratos más bajos de la estructura ocupacional (Solé, Parella y Cavalcanti, 2007: 25-26). Por último, el nórdico es similar al Rhineland, pero en este caso las políticas de empleo y la expansión del Estado de bienestar, así como la igualdad de género, fomentan el empleo por encima del autoempleo (Arjona, 2007).

Los países del sur de Europa manifiestan algunas particularidades sobre el modelo Rhineland. A mediados de 1980, España, Grecia, Portugal e Italia sufrieron una profunda reconversión del mercado laboral, con un aumento importante del sector secundario (construcción, servicio doméstico y hostelería) y un empleo intensivo de fuerza de trabajo por lo general escasamente remunerada (Solé, Parella y Cavalcanti, 2007). En este contexto, Arjona y Checa (2006) proponen el modelo llamado sur-europeo, que se distingue por considerables oportunidades laborales en el mercado de trabajo pero con notables obstáculos legales para emprender un negocio.

Por todas estas razones, muchas economías étnicas funcionan mejor en el subsector informal, lo cual les permite eludir ciertos constreñimientos como impuestos, cumplimiento del salario mínimo interprofesional o regulaciones de contratación. La contraparte de esta economía informal practicada por algunas economías étnicas redunda positivamente en la creación de empleo, la inserción laboral de trabajadores inmigrantes u otros beneficios económicos para el conjunto de la ciudad. El sector informal consiste en aquella actividad económica no regulada (o no registrada) y desarrollada al margen del control público (Sassen, 1991, cit. en Light y Gold, 2000: 40), por ejemplo, venta de productos en mercadillos, servicios no declarados o venta de comidas o bebidas de producción doméstica. En ocasiones, estas iniciativas comienzan en el sector informal y con el tiempo pasan a engrosar el sector formal (Castells y Portes, 1989: 15; Molina y Díaz, 2007).

Configuraciones espaciales del empresariado étnico: entre lógicas globales y locales

La perspectiva transnacional en las economías étnicas

Durante las últimas décadas, la perspectiva transnacional (véase Vertovec, 1999; Faist, 2000b; Portes, 2004; Besserer, 2009) ha enfatizado el carácter móvil y dinámico de los negocios étnicos (Portes, Guarnizo y Haller, 2002; Landolt, 2008; Rusinovic, 2008; Miera, 2008; St. Jacques, 2009; Barros Nock y Valenzuela García, 2013). En este sentido, la noción de campo o espacio transnacional (Levitt y Glick Schiller, 2004) sugiere la existencia de lazos sostenidos de personas, redes y organizaciones a través de las fronteras de múltiples Estados-nación (Faist, 2000b). Zhou (2004) observa que cuando el empresariado transnacional se vincula a una economía de enclave lo vuelve más competitivo y viable. Esto, a su vez, a menudo le permite superar las limitaciones impuestas por la sociedad de acogida, diversificar las actividades y generar más recursos que se destinan, en parte, a fortalecer las bases institucionales del propio enclave. Estudios etnográficos sobre emigrantes salvadoreños (Landolt, Autler y Baires, 1999), dominicanos (Itzigsohn et al., 1999), y otavaleños en Ecuador (Kyle, 1999 y 2001), entre otros, ponen de manifiesto la presencia de microempresas y negocios sólo comprensibles desde el enfoque transnacional.

A partir de estas experiencias y de una amplia encuesta sobre emprendedores transnacionales latinoamericanos radicados en Estados Unidos, Portes, Guarnizo y Haller (2002) concluyen que los negocios transnacionales poseen un mayor alcance en sus relaciones sociales que los de emigrantes "locales"; que suelen estar gestionados por emigrantes con mejores niveles de formación, experiencia y recursos, y, por último, que su espacio transnacional no tiende a desaparecer forzosamente con el paso del tiempo ni debido a la asimilación.

Al respecto, Rusinovic (2008), en el caso de Holanda, pone de manifiesto cómo las segundas generaciones de emigrantes siguen manteniendo (o iniciando) nuevos negocios transnacionales, aunque con menor intensidad que sus padres. Este descenso obedece en parte a la disminución del capital transnacional de la segunda generación; si bien aquí la dimensión transnacional se convierte en una opción estratégica más que en una necesidad. En el caso catalán, St. Jacques (2009) analiza las prácticas transnacionales de emigrantes senegambianos y constata que los niveles de transnacionalismo privado (remesas, compra de tierras en origen, etcétera), público (participación en asociaciones y organizaciones étnicas, por ejemplo) y económico (construcción de viviendas en Senegal para venta o alquiler, etcétera) son más altos a medida que aumenta el grado de integración en la sociedad de destino. En definitiva, todos estos estudios demuestran que, más allá del aparente enclave circunscrito y local, los inmigrantes empresarios están involucrados en procesos fluidos, dinámicos y móviles (Molina et al., 2013).

La perspectiva reticular de las economías étnicas cuestiona la aglomeración y el estatismo como condición sine qua non del enclave étnico (Zhou, 1998; Werbner, 2001). Estos negocios pueden estar integrados vertical y horizontalmente (Kaplan, 1997: 218) y sus interconexiones suelen trascender un espacio geográfico definido. Esto sugiere, entonces, la existencia de un espacio socioeconómico más amplio y disperso derivado de la conexión de empresas, proveedores y otras instituciones (universidades, asociaciones comerciales, etcétera). Por otra parte, el desvanecimiento de las concentraciones étnicas se vuelve común cuando las empresas se diversifican o cuando las segundas y terceras generaciones toman las riendas (Werbner, 2001: 688) y el enclave étnico va capturando e integrando funciones propias del sector económico más extenso. Este punto de vista considera, por lo tanto, que la concentración étnica es algo transitorio en el proceso de integración a la sociedad y a un mercado de trabajo más vasto.

Por último, la globalización contribuye a crear una nueva geografía urbana de la centralidad y de la marginalidad, que tiene poderosos efectos tanto en la distribución de los servicios como en la estructura de la economía y del empleo. En Estados Unidos, durante las últimas décadas, los pequeños y medianos negocios regentados por inmigrantes han aumentado a un ritmo cuatro veces superior al ratio de la creación media de empresas nacionales y se estima que 41% de la fuerza laboral estadounidense opera en el contexto de la economía étnica (Light, 2007: 45). En Europa, la expansión de las economías étnicas responde a un proceso aún más espectacular, si cabe, debido a la emigración masiva, a la transformación del mercado de trabajo (con el incremento del autoempleo) y a una situación temporalmente más ventajosa para el establecimiento de pequeñas empresas étnicas (Volery, 2007).

Asimismo, la convivencia de complejos corporativos (con profesionales cualificados y bien remunerados -véase Florida, 2002 y 2005-) y de comunidades inmigrantes en las ciudades cosmopolitas sugiere dos modos extremos de formación y apropiación del espacio (Sassen, 1994; Rath et al., 2002). Los primeros suelen considerarse los adalides de la economía formal, la modernidad, el avance tecnológico, el cosmopolitismo, la globalización y la fluidez, mientras que las segundas evocan economía informal, etnificación, atraso económico, low-cost, localismo y concentración. No obstante, esa aparente dicotomía se interpreta mejor en términos de complementariedad y dependencia: la informalización de la actividad económica parece escapar de las actividades marginales para complementar a los sectores más amplios de la economía (Sassen, 1994; Rath et al., 2002). Sin lugar a dudas, en la ciudad global esta intersección representa una muestra palpable de glocalización (Robertson, 1995).

Discontinuidades espaciales, circularidad y movilidad

Conceptos como desterritorialización o transnacionalismo permiten entender la manera en que los empresarios inmigrantes se imbrican en distintas estrategias en un marco socioeconómico vulnerable, a la vez local y transnacional (Audebert, 2007; Dinh, 2007). Para Ma Mung (2009: 140), la mundialización no homogeneiza las diferencias, antes bien, se fundamenta en las discontinuidades espaciales y las globaliza. Los empresarios de origen inmigrante, en este sentido, diseñan estrategias y usan redes para mantenerse entre los diversos espacios. No son víctimas de la mundialización, sino actores que, mediante estrategias étnicas, instrumentalizan las discontinuidades en beneficio propio y saben cómo contornear sus límites y generar nuevas configuraciones.

Estas redes y conexiones multiterritoriales permean las fronteras de la formalidad y la informalidad, lo cual explica en parte el éxito de estos emprendimientos. Con base en esas observaciones, diversos autores franceses han destacado el carácter dinámico de las trayectorias que siguen los empresarios de origen inmigrante en un contexto de interacciones flexibles entre mercados laborales y flujos tanto tangibles como intangibles derivados de la circulación de personas (Ma Mung, 1992 y 1996; Péraldi, Foughali y Spinosa, 1999; Audebert, 2007). Más allá de la dualidad entre el aquí/allá propia de los enfoques migratorios clásicos, se subraya la circulación y la movilidad de los individuos, lo que permite superar la idea de enclave étnico como espacio fijo y encapsulado (Hily, 2009). En este sentido, Newland (2009) adopta la noción de migración circular para señalar la emigración intermitente por diferentes razones (laborales, académicas, de supervivencia, etcétera), contemplando la posibilidad de repetición del movimiento migratorio (cíclico, periódico, estacional, entre otros).

El término dispositivo económico (dispositif économique) (Ma Mung, 1992 y 1996) revisa la idea de enclave étnico a la luz de la agencia y las estrategias de los migrantes. En la misma línea, Dinh (2007) introduce el concepto comunidad étnica comercial (communauté ethnique marchande) para mostrar los vínculos entre las dimensiones identitaria, económica y espacial de las estrategias comunitarias de los inmigrantes. Es a partir del énfasis en la dimensión dinámica de las economías étnicas que se presta particular atención a los mecanismos de toma de decisiones que usan los empresarios. En tal aspecto, Ma Mung describe cómo la diáspora china se estructura en torno a un centro empresarial, cuyas actividades están fuertemente conectadas a una "organización económica en la que predomina la dimensión identitaria" (1992) y, al mismo tiempo, a una distribución espacial concreta de los negocios allá donde se instalan. Ma Mung (1992) denomina diáspora empresarial a este tejido de empresas que actúa como cuerpo social y que juega un rol central no sólo en las oportunidades de empleo de los migrantes, sino también en la reproducción identitaria, a base de proporcionar servicios y productos. Todo ello permite entretejer una relación fundada en fuertes vínculos a caballo entre la distancia y la proximidad, entre la sociedad de origen y la de destino (Ma Mung, 2009). Los territorios de diáspora se caracterizan por la multipolaridad (dispersión de una comunidad), la interpolaridad (se mantienen relaciones intensas entre los diferentes polos y con el país de origen) y la extraterritorialidad (se preserva cierta identidad nacional y se desarrolla una identidad comunitaria transnacional) (Ma Mung, 1992).

Torres Pérez (2007), en el caso del barrio de Russafa (Valencia), opta por el concepto de centralidad comercial inmigrante (centralité marchande immigrée), en vez de enclave étnico, para mostrar que la concentración espacial de dichos negocios en el barrio no necesariamente implica la existencia de relaciones económicas entre los empresarios que comparten ese espacio urbano. Por el contrario, sus vínculos como empresarios incluyen otras actividades comerciales desarrolladas por miembros de la misma familia o por coétnicos de otras ciudades. Russafa es descrito, por lo tanto, como un link, un espacio relacional en el que se establecen interacciones personales que conllevan compartir información o recursos informales.

Algunos estudios realizados en cascos antiguos de ciudades españolas han puesto de manifiesto la complejidad de las relaciones interétnicas que pueden darse en torno a la idea de centralidad migrante del comercio. En el barrio de San Francisco (Bilbao) predominan comercios regentados por diversos grupos de comerciantes (senegaleses, gambianos, marroquíes, argelinos y pakistaníes) cuyos productos se dirigen sobre todo a las comunidades migrantes residentes en el barrio (Pérez-Agote, Tejerina y Baraño Cid, 2010). Otros cascos antiguos, en cambio, presentan estructuras comerciales multiétnicas más abiertas (Ferrer, 2006), por ejemplo, el barrio madrileño de Lavapiés, con preponderancia del comercio interétnico en un contexto urbano de intensa circulación peatonal tanto local como de origen inmigrante (Cebrián y Bodega, 2002; Ferrer, 2006; Riesco-Sanz, 2010); el barrio del Raval (Barcelona), con una marcada centralidad comercial multiétnica que, a diferencia de Lavapiés, convive con un complejo cultural de vanguardia y de primera magnitud gestionado por autóctonos (Serra del Pozo, 2006 y 2007; Ferrer, 2006), o la zona del bajo Albaicín, en Granada, con una oferta comercial gestionada por empresarios musulmanes de distintas procedencias (Marruecos, Siria, Libia, etcétera), orientada en especial al turismo nacional e internacional que visita la zona durante todo el año (Ferrer, 2006).

La ciudad portuaria de Marsella (Francia), y en concreto su barrio céntrico de Belsunce, ha recibido especial atención debido a la existencia de una dinámica economía subterránea e internacional. En este marco destaca la naturaleza circunstancial de los arreglos económicos de las comunidades magrebíes y argelinas (Ma Mung, 1992; Péraldi, 2005), en un nuevo entorno urbano y mediterráneo de formas migratorias y de movilidad sur/norte, donde cada vez con mayor frecuencia la figura del trabajador migrante es sustituida por la del "viajero comerciante, el contrabandista o el comerciante de larga distancia" (Péraldi, 2005: 47). Estas actividades comerciales transfronterizas implican el desarrollo de redes pluriétnicas, pluriculturales y plurirreligiosas (sobre todo entre inmigrantes turcos, magrebíes y africanos) basadas en la confianza mutua, la reputación y el código de honor (Missaoui, 1995). Los empresarios subsaharianos, por su parte, devienen actores que usan instrumentalmente la ciudad modificándola con su presencia conforme llevan a cabo sus labores económicas (Bertoncello, 2009: 174). En efecto, su actividad económica depende de la movilidad y de su capacidad para activar recursos sociales cambiantes (asociaciones efímeras). De ahí que Bertoncello (2009) se refiera a estos grupos como comunidades de circunstancia.

Estos patrones económicos hallados en Marsella se han descrito -retomando el término que usa Geertz (1978) en su etnografía en Sefrou (Marruecos)- como economía bazar (Péraldi, 1999), concepto que remite a una institución social que, si bien existe en todas las ciudades europeas, se ha consolidado de manera señalada en las grandes ciudades fronterizas comerciales del sur de Europa -véase, para el caso español, la ciudad portuaria de Alicante (Sempere, 2000)-. Esta modalidad de acción económica engloba aquellos arreglos y estrategias comerciales que posibilitan la transferencia de mercancías y el tránsito de personas a través de las fronteras, sorteando las dificultades inherentes a las legislaciones y normas administrativas y económicas que codifican los regímenes de circulación. Es decir, tales fluidos dispositivos relacionales mantienen la tensión abierta entre lo global y lo local, privilegiando los acuerdos orales por encima de las convenciones técnicas.

La economía bazar posee tres rasgos distintivos (Péraldi, Foughali y Spinosa, 1999): primero, los dispositivos urbanos y sociales del bazar vienen determinados por relaciones cara a cara a largo plazo (por ejemplo, una red de relaciones de crédito) y no tanto por contratos formales o por las normativas institucionales. Segundo, hay una articulación local/global sostenida por las competencias de la movilidad (compétences à mobilité), que permite a los migrantes resolver la paradoja entre la dispersión física y la prevalencia de vínculos que hacen posible las relaciones y la comunicación. Finalmente, los beneficios económicos dependen de la capacidad de los actores para desarrollar estrategias y mecanismos para atravesar las fronteras, por un lado, y para ofrecer ciertos productos (lícitos o ilícitos) que circulan por las rutas comerciales que conectan el norte con el sur, por el otro.

Esta intensificación de las circulaciones obedece a reorganizaciones económicas contemporáneas que originan distintas formas sociales derivadas de la interacción de todos los lugares que son parte del recorrido de la movilidad. Este fenómeno queda definido por la noción de territorios circulatorios (Tarrius, 1995, 2000 y 2009). En esta circulación, Tarrius (2000) distingue tres tipos de colectivos: las poblaciones de diáspora (colectivos procedentes de países pobres que venden a bajo precio su fuerza de trabajo y que pueden llegar a instalarse en los países de destino configurando comunidades transnacionales), poblaciones móviles que el autor llama vagancia (migrantes "sin vínculos" ni con su origen ni con los distintos puntos en los que se detienen) y nómadas (un modelo inusual de integración, caracterizado por el éxito comercial y la ausencia de un punto de destino definido). Lejos de constituir enclaves, estos migrantes son portadores de nuevas centralidades específicas, que se "sobreimponen a la organización social y espacial de la ciudad de recepción" (Tarrius, 2000: 53). De tal suerte que sus estrategias influyen sobremanera en la dinámica del espacio urbano -aunque hayan sido construidas en función de lógicas externas al mismo-, dando lugar a espacios relativamente autónomos que resisten a las segmentaciones sociales y económicas inherentes a los espacios urbanos en los que se ubican.

La noción de territorios circulatorios surge precisamente de la de comerciantes nómadas, aludiendo a espacios que son expresión directa de un vínculo social y cuya peculiaridad es su gran inestabilidad. Representan territorios que se articulan con los espacios locales y autóctonos para transformarlos. Se crean a partir de lógicas de movilidad y del saber o capital relacionado con la movilidad -o capital espacial (Lévy, 1994 y 2002), por analogía con el capital social (Bourdieu, 1980)-. Este capital incluye el conjunto de recursos acumulados por un actor, que le permiten sacar partido de la dimensión espacial de la sociedad, en función de sus estrategias (Lévy, 2002). Éste es precisamente el tipo de habilidades que fluyen dentro de los territorios circulatorios, a saber, las que tienen que ver con la movilidad y el movimiento físico y no tanto con el capital social o con los vínculos fuertes, en términos de Granovetter (1973). A pesar de que sea posible identificar cierta especialización étnica en las actividades comerciales, a medida que los territorios circulatorios se van extendiendo, se mezclan entre sí y configuran mercados públicos de periferia en los que conviven empresarios y comerciantes de muy diferentes procedencias.

Con base en esta nueva conceptualización, Tarrius (2000) aboga por abandonar la noción de migración en favor de la de movilidad, por cuanto permite dar cuenta de todas las articulaciones y simultaneidades que generan los movimientos, así como comprender de qué manera éstos redefinen constantemente las reglas que rigen el espacio público. No cabe duda de que este cambio de perspectiva obliga también a reinterpretar la construcción social de la ciudad, dado que el espacio urbano se convierte en "punto de paso", de intercambio, de alta densidad relacional, entre poblaciones que asimismo modifican dicho espacio. El territorio circulatorio configura el espacio a partir de múltiples centralidades de formas que a menudo son difíciles de captar por las racionalidades del instalado. La eficacia de tales actividades comerciales se sustenta, por lo tanto, en las competencias circulatorias derivadas del hecho de estar "entre dos mundos".

Conclusiones

La globalización ha influido de modo decisivo en la cartografía de la ciudad global y en el modo en que se conciben tanto el espacio como los procesos económicos. El caso del enclave étnico resulta aquí paradójico por dos razones: en primer lugar, porque los arreglos económicos que en éste se producen suelen traspasar de forma fluida las fronteras de lo que se denomina economía formal, informal e ilegal. En segundo lugar, porque el enclave étnico (definido inherentemente por la concentración espacial y por su ubicación local, circunscrita y estática) se expone ahora (al estar sujeto a procesos económicos globales y transnacionales) a un nuevo entorno, en el cual el espacio deviene algo más voluble, dinámico y fluido.

Si bien la mayoría de los enfoques clásicos sobre emigración y economía presagiaban que se produciría una progresiva integración de las economías étnicas en la economía formal, los análisis empíricos no sólo exhiben su pervivencia sino una notable resiliencia de esta clase de economías, muy a pesar de las crisis, de la omnipresente economía formal y de la fuerte competitividad en los espacios urbanos en los que se asientan (Rath et al., 2002). Pero lo más importante, quizás, sea notar que la "informalidad" de las economías étnicas es un complemento funcional y necesario de la economía formal e institucionalizada propia de las grandes empresas nacionales e internacionales ubicadas en las urbes globales. organizadas a menudo como economías bazar en el contexto de territorios circulatorios (Tarrius, 2009), en este tipo de negocio se emplean arreglos y estrategias para atravesar las porosas fronteras entre los subsectores formal, informal e ilícito, gracias a la acumulación de una suerte de capital migratorio que les permite desenvolverse con cierta holgura en las rutas comerciales, y resignificar los espacios urbanos desde centralidades que con frecuencia escapan de regulaciones diseñadas desde la lógica del Estado-nación.

Desde los años setenta el enclave étnico se ha considerado un ámbito o estructura económica competitiva en virtud de la concentración espacial de sus actores (emprendedores, trabajadores, consumidores, distribuidores), la coincidencia de negocios y residencias en el mismo espacio y, en particular, el flujo y circulación de capitales (económicos, humanos y sociales) en un área geográfica circunscrita y acotada. Este supuesto teórico asumía por lo tanto la existencia de un espacio local y cerrado. No obstante, diversos estudios muestran que, lejos de una concentración estática y autocontenida, el enclave pone de manifiesto distintos nexos externos y un flujo de relaciones socioeconómicas que superan con creces sus aparentes fronteras geográficas. Por un lado, las redes sociales que se dan en los enclaves presentan bifurcaciones horizontales y verticales que traspasan los límites geográficos del espacio urbano en el cual se ubican físicamente sus negocios. Sin embargo, más allá del espacio regional (por ejemplo, la extensión de las relaciones socioeconómicas a otras partes de la misma ciudad), la perspectiva transnacional ha hecho patente que su complejidad excede su supuesta confinación a los límites o fronteras de un centro urbano específico (Garcés, 2011). En efecto, los negocios étnicos suelen estar vinculados a campos transnacionales más amplios que trascienden lo meramente económico, puesto que implican alianzas sociales, culturales o étnicas (familiares, matrimonios, adopciones, etcétera). Esta perspectiva extensiva del enclave étnico queda además reforzada con la de las trayectorias de los empresarios migrantes, que subraya las interacciones espaciales flexibles y la circulación transfronteriza de las personas.

Mediante tales discontinuidades de la movilidad, los empresarios inmigrantes logran imbricarse en estrategias locales y transnacionales simultáneamente (Audebert, 2007; Dinh, 2007). En este complejo marco, los empresarios inmigrantes adquieren las habilidades y competencias suficientes para sortear los límites de las discontinuidades socioespaciales en beneficio propio (Ma Mung, 2009). La agencia del migrante y sus estrategias étnicas hacen posible tanto la emergencia como la sostenibilidad de estos negocios a lo largo del tiempo, como revelan las nociones de dispositivo económico (Ma Mung, 1992), centralidad comercial inmigrante (Torres Pérez, 2007), economía bazar (Péraldi, 1999) o territorios circulatorios (Tarrius, 1995). En todos estos casos se enfatizan los saberes adquiridos por los migrantes sobre los procesos de movilidad o lo que algunos autores denominan competencias de la movilidad (Péraldi, Foughali y Spinosa, 1999) o capital espacial (Lévy, 1994).

A nuestro juicio, la existencia de lindes geográficas (del enclave) o legales (economía formal e informal) son elementos constitutivos de la economía étnica que no pueden ser ignorados. Empero, los enfoques teóricos y desarrollos empíricos mencionados a lo largo del texto suponen un avance hacia conceptualizaciones caracterizadas por una mayor porosidad, fluidez y extensibilidad, así como por una mayor permeabilidad entre la economía formal e informal. Esta mayor porosidad obliga a su vez a reconsiderar los supuestos teóricos sobre los cuales estos conceptos se fundamentan, particularmente en el contexto de la ciudad global. A modo de síntesis, este artículo ha pretendido poner de manifiesto la necesidad de contextualizar y problematizar tanto el uso del concepto de enclave étnico concebido a manera de ente estático y circunscrito, como el tratamiento de las economías étnicas en cuanto realidades marginales y periféricas.

Nuestra propuesta es desarrollar una terminología más laxa, que se ajuste mejor al contexto actual de economías sujetas a procesos transnacionales, donde el "aquí" y el "allá" se imbrican en un espacio más móvil y fluido. Hoy en día, las realidades cosmopolitas funcionan como hubs en los que se hace más evidente la interconexión de los procesos propios de la globalización (mayor flujo de personas, capitales e ideas) que, a su vez, articulan variadas estrategias económicas y diversos colectivos de actores. Quizás ya no tenga sentido referirse al enclave como un espacio que se distingue por la concentración y la propensión a la economía informal, sino como otro elemento complementario y fluido en el complejo y superdiverso engranaje de la ciudad global.


*.

fn1 El orden en que aparecen los autores responde a criterios alfabéticos.

Bibliografía
1.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.
11.
12.
13.
14.
15.
16.
17.
18.
19.
20.
21.
22.
23.
24.
25.
26.
27.
28.
29.
30.
31.
32.
33.
34.
35.
36.
37.
38.
39.
40.
41.
42.
43.
44.
45.
46.
47.
48.
49.
50.
51.
52.
53.
54.
55.
56.
57.
58.
59.
60.
61.
62.
63.
64.
65.
66.
67.
68.
69.
70.
71.
72.
73.
74.
75.
76.
77.
78.
79.
80.
81.
82.
83.
84.
85.
86.
87.
88.
89.
90.
91.
92.
93.
94.
95.
96.
97.
98.
99.
100.
101.
102.
103.
104.
105.
106.
107.
108.

Métricas de artículo

Cargando métricas ...

Metrics powered by PLOS ALM

Enlaces refback

  • No hay ningún enlace refback.


Department of Anthropology UAM Iztapalapa

ALTERIDADES. Year 27, Issue 54, July - December 2017, is a biannual publication of the Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, División de Ciencias de Ciencias Sociales y Humanidades (Social Sciences and Humanities), Departamento de Antropología (Anthropology Department). Prolongación Canal de Miramontes 3855, Col. Ex-Hacienda San Juan de Dios, Del. Tlalpan, C.P. 14387, Ciudad de México and Av. San Rafael Atlixco 186, Col. Vicentina, C.P. 09340, Edif. F-001, Mexico City. Phone number: 5804 4600, ext. 2679. Journal’s web address: <http://alteridades.izt.uam.mx>. Email address:. Main Editor: Dra. Norma Jaramillo Puebla. Certificate of Rights Reserved for the Exclusive Use of Title of Journal N° 04-2015-112311463800-203, and-ISSN: 2448-850X, both granted by the Instituto Nacional del Derecho de Autor (National Institute of Author’s Rights). Person responsible for the last update of this issue: Dra. Norma Jaramillo Puebla, Unidad Iztapalapa, División de Ciencias Sociales y Humanidades. Last modified on December 2nd, 2017. File size: 6.8 MB
A. Opinions expressed by authors do not necessarily reflect the ideas of the publication's editor.
B. It is strictly forbidden to reproduce the contents and/or images in full or in part without prior authorization by the Universidad Autónoma Metropolitana.