Movilidades, circulaciones y localidades. Desafíos analíticos del retorno y la reinserción en la ciudad*

Liliana Rivera Sánchez**



Resumen

Se revisan y plantean algunos conceptos y categorías para analizar las experiencias contemporáneas de retorno y de reinserción/reemigración de los migrantes mexicanos que vuelven de Estados Unidos y se relocalizan en espacios urbanos. Se parte de una crítica a dos nociones centrales: retorno y reinserción, y luego se construye una propuesta desde diversas aproximaciones teóricas. Los aportes principales provienen de la perspectiva de las movilidades, los estudios transnacionales y las migraciones globales; asimismo, se nutre de algunos presupuestos básicos de los estudios sobre circulaciones migratorias y localidades urbanas.

Received: 2015 February 3; Accepted: 2015 May 28

alte. 2015 ; 25(50)

Keywords: Palabras clave: migración, inserción, espacio urbano, circuito, México, Estados Unidos.
Keywords: Key words: migration, insertion, urban space, circuit, Mexico, the United States.

Introducción

En este artículo se presentan algunos apuntes conceptuales y metodológicos para articular una propuesta analítica que, por una parte, aborde el retorno migratorio contemporáneo no sólo en cuanto un evento en la vida de los migrantes, o la etapa final de la experiencia migratoria, sino como un proceso que implica readaptación societal, y, por otra, que considere el retorno un continuum en la vivencia de migrante. Es decir, estudiar el retorno más allá del acto de volver al país natal, antes bien, como un proceso que conlleva el ajuste de expectativas y la negociación constante de códigos de interacción social en espacios y tiempos específicos, lo que se ha llamado inserción cuando se alude a la experiencia migratoria en la sociedad de destino, y que en este trabajo se conceptualiza tentativamente como reinserción en la sociedad de retorno. Así, en las siguientes páginas se expondrán ejes analíticos preliminares de una propuesta para el estudio de las prácticas y las experiencias de retorno de los migrantes contemporáneos que vuelven de Estados Unidos a México.

La aproximación a los procesos de retorno y reinserción en contextos urbanos del país, así como a las experiencias de los retornados contemporáneos, presenta varias entradas analíticas. Se apuesta, por un lado, a dialogar con las investigaciones que dan cuenta de los cambios que el proceso migratorio México-Estados unidos ha tenido durante la última década en relación con los perfiles demográficos, los trayectos y rutas de viaje, además de los sitios de origen/salida y recepción en las sociedades de destino (Durand y Massey, 2003; Massey, Durand y Pren, 2014).

Por otro lado, se revisarán categorías analíticas de los estudios migratorios, y su capacidad heurística, para comprender las modalidades que adopta la circulación, el retorno y los anclajes en el contexto actual de los regímenes de la movilidad global, también como parte de las transformaciones ocurridas en las circulaciones migratorias contemporáneas (Sheller, 2014; Glick Schiller y Salazar, 2013).

El artículo consta de cuatro secciones. En la primera se exponen los antecedentes básicos de los estudios sobre retorno e inserción en el campo de las migraciones internacionales. En la segunda se presenta el sitio de investigación, a través de tres apuntes que informan acerca de la configuración de la localidad como un nodo de movilidades. En la tercera se explicitan los puntos de partida de la relación retorno y movilidad en los circuitos migratorios contemporáneos. En la última se ofrecen notas que reflexionan respecto de la necesidad de repensar los conceptos de retorno y reinserción en la dinámica de las circulaciones y las movilidades contemporáneas. En suma, el objetivo final del trabajo es brindar algunas coordenadas analíticas para abordar el retorno y la reinserción en los contextos urbanos de alta movilidad.

Antecedentes

Desde los estudios fundacionales sobre las migraciones internacionales, el retorno ha sido conceptualizado como parte del proceso migratorio. Se encuentra en las multicitadas leyes de Ravenstein (1885 y 1889) acerca del comportamiento de los flujos migratorios internacionales. Los principios axiomáticos de Ravenstein fueron recuperados en la constitución y desarrollo de este campo de estudio en los años sesenta, particularmente en la aplicación del enfoque de la economía neoclásica, para explicar la organización del mercado de trabajo y el comportamiento del migrante. Asimismo, estos principios inspiraron la tesis del push and pull, hasta hoy dominante en algunas disciplinas, para dar cuenta del origen y la dinámica de las migraciones. Sin embargo, no se elaboró teóricamente sobre el retorno, como un segmento específico del proceso migratorio.

Además, el retorno fue considerado parte de los estudios migratorios de las décadas subsecuentes. Fue tratado, por ejemplo, en las propuestas de Fawcet (1989) -en el nivel de las microdecisiones y en la explicación acerca de la formación de los vínculos y el funcionamiento de las redes familiares y comunitarias en los sistemas migratorios-; así, el retorno fue visto como un modo de interconexión entre lugares ligados a un sistema. Entonces, el punto medular de los estudios contemporáneos sobre el retorno a las ciudades no radica en su novedad, ni en el hecho de ser un tema abordado en años recientes en el campo de las migraciones internacionales; su reemergencia en la literatura de las migraciones contemporáneas se asocia no sólo con el incremento de los flujos internacionales de regreso a los países de origen -como consecuencia de las crisis de los mercados internacionales de trabajo en la última década-, sino también con la complejidad y la heterogeneidad que el proceso de retorno y las experiencias de los retornados contemporáneos exhiben, en cuanto una forma de movilidad transnacional que implica la interconexión entre lugares y modos de vida que se condensan en las experiencias de los migrantes (Fincham, Mcguinness y Murray, 2010).

Sumado a lo anterior, la falta de un cuerpo teórico y de una perspectiva que ex profeso se ocupen de conceptualizar y problematizar la complejidad de este desplazamiento migratorio de retorno y sus implicaciones hace relevante la exploración de otras miradas para comprender la experiencia de regresar al país de origen. Así pues, el retorno se plantea como una forma de circular en la dinámica de los circuitos migratorios transnacionales contemporáneos, y se trata, entonces, de entender de manera relacional las implicaciones de esta etapa del proceso migratorio, como una vivencia que se inscribe en una modalidad concreta de la organización de la vida y el trabajo en el nivel local, pero conectada globalmente (Glick Schiller y Salazar, 2013; Brenner, 2011; Emirbayer, 1997).

De tal suerte, las aproximaciones teórico-analíticas desde las cuales se ha abordado el retorno han tendido más bien a homogeneizar la experiencia de los migrantes retornados a los países de origen, mediante la construcción de tipologías que pretenden dar cuenta de las condiciones o factores influyentes en la toma de decisiones sobre el regreso al país natal (Rogers, 1984), sin que de tales tipologías se derive una reconceptualización de la experiencia y de los significados de regresar al país natal. De la misma forma, los estudios se han centrado en explorar tipos de retorno que tienen su correlato en el diseño de políticas públicas específicas, propuestas por organismos internacionales (cf. Battistella, 2014). No obstante, estas perspectivas centradas en lo fundamental en explicar por qué regresan los migrantes asumen la premisa de que el retorno supone permanencia en el país de origen/retorno (cf. Gmelch, 1980), o bien, in-movilidad futura (cf. Büscher y Urry, 2009; Adey, 2006). Estos axiomas encuentran sus límites cuando las circulaciones migratorias actuales muestran variados destinos, entradas y salidas y, por supuesto, también diversos retornos y modalidades de retornar. Se sabe de antemano que no todos esos desplazamientos responden a situaciones económicas o a decisiones racionales, como se ha documentado a través de algunas investigaciones. Al respecto, Stark (2003) ha asegurado que si bien no sólo lo económico o el cálculo de diferencias salariales explican los flujos de salida a otro país y los múltiples desplazamientos al interior de esos países de destino, sí son un factor de peso para emprender el viaje; mientras, la migración de retorno se encuentra mayormente condicionada -según Stark y otros autores, como Cassarino (2004 y 2013)-por motivos familiares y personales. Así, el retorno ha sido estudiado de manera tangencial, y más bien las perspectivas teóricas que se han utilizado para explicar la salida de los migrantes se han aplicado también para abordar los motivos del regreso al país de origen (Durand, 2004).

Empero, se reconoce hoy en día el incremento notable de los estudios sobre el retorno en el contexto de las migraciones globales, a partir de las crisis de los mercados de trabajo e inmobiliario, que iniciaran en 2008, aunadas al endurecimiento de las políticas de reforzamiento de las fronteras y los efectos que han tenido los procesos de securitización1 (cf. De Genova, 2013). Pero la mayor parte de las investigaciones acerca de las condiciones y consecuencias del regreso contemporáneo de los migrantes a sus países de origen aún se realiza desde las mismas aproximaciones teóricas con las que se ha leído el proceso de emigración (Cassarino, 2004; Xiang, 2013), y se sigue concentrando en dar cuenta de todo aquello que interviene en la decisión de volver al país de origen para, nuevamente, rearticular el debate entre migración y desarrollo, que poco ha estimado las consecuencias que sobre las personas en condición de movilidad acotada han tenido estas políticas, las que, en determinados casos, han profundizado las desigualdades en el nivel local (cf. Glick Schiller y Faist, 2010).

Asimismo, se reconoce que el retorno no es un proceso inédito en la historia de la migración mexicana a Estados Unidos, ni en los estudios acerca de ésta. Uno de los temas centrales de la obra de Manuel Gamio fue precisamente la experiencia migratoria de los trabajadores mexicanos retornados que habían participado en la primera etapa del Programa Bracero2 en Estados Unidos (Gamio, 2002; Alanís Enciso, 2003). No obstante, si bien es cierto que a lo largo de la historia de la migración mexicana y en los estudios sobre este proceso se consideró el retorno como una parte de la experiencia migratoria, también lo es que recibió menor atención (cf. Alanís Enciso, 2005), si se le compara con el volumen de trabajos realizados hacia la segunda mitad de la década de los noventa y los años dos mil, en temas como las modalidades de la emigración, los flujos de salida y los efectos sobre los lugares de origen, las remesas económicas y el desarrollo local, los efectos sobre las sociedades de destino de la migración mexicana en Estados Unidos, o la formación de clubes y organizaciones transnacionales de migrantes y sus vínculos con las sociedades de origen (Massey, Durand y Pren, 2014).

Así, cuando se hace referencia a los cambios en el proceso migratorio entre México y Estados Unidos, no sólo se alude a una modificación en el perfil y las características sociodemográficas de los migrantes de salida, y luego al perfil de quienes retornan, sino también a otro tipo de transformaciones en las modalidades que adoptan las circulaciones y las condiciones de la circulación, que debería tenerse presente en el estudio de las experiencias de retorno y de reinserción, al igual que en el de las expectativas de establecimiento de los migrantes retornados a México (cf. Xiang, 2013; Bielsa, Casellas y Verger, 2014). Se trata de incluir analíticamente factores como las diversas modalidades de volver al país de origen, los motivos del regreso (con el incremento notable de las deportaciones y las devoluciones de los migrantes de Estados Unidos a México, por ejemplo), el tiempo transcurrido en el lugar de destino, los sitios preferentes de asentamiento en México -no obstante que la mayoría de los migrantes sigue retornando a municipios rurales-, además de dar cuenta de las expectativas de reemigración (Durand, 2004; Xiang y Lindquist, 2014).

En suma, se vuelve relevante explorar los elementos que intervienen en la construcción de tales expectativas y en las capacidades de los migrantes, así como los imaginarios y los sentidos que delinean la dinámica de las movilidades asociadas con este proceso (Xiang y Lindquist, 2014), y que, al final, influyen también en la elección de los sitios a los cuales regresan los migrantes.

Estos cambios en el proceso migratorio suponen, en igual medida, transformaciones en las modalidades de inserción y/o de inclusión en las dinámicas de las localidades receptoras de migrantes de retorno, y precisamente éste constituye uno de los mayores retos de volver al país de origen, en comparación con las condiciones y experiencias de retorno de los migrantes mexicanos de hace escasos 15 años, quienes en efecto regresaban a los lugares de origen, con preferencia a comunidades rurales, y contaban con la protección que supone volver a un municipio rural o a una localidad pequeña, donde el apoyo familiar y comunitario parecía funcionar como una garantía y un soporte para regresar e insertarse en la dinámica social (cf. Espinosa, 1998). Por lo que el tema del retorno en los estudios migratorios no por fuerza conllevaba el de la inserción como un problema o, en este caso, la reinserción en el lugar de retorno, pues se asumía que se trataba del sitio de origen y que entonces no imponía mayores retos a la resocialización (Rivera Sánchez, 2015; Papail, 2002 y 2005).

En síntesis, con base en estos cambios en el proceso migratorio y en las circulaciones contemporáneas, en este artículo se propone realizar un ejercicio de deconstrucción de algunas categorías analíticas con las que se han investigado estos procesos y transformaciones en el campo de estudio de las migraciones internacionales. Es decir, se pretende dilucidar en torno a las implicaciones analíticas que ha tenido el uso de esos conceptos, pero también reflexionar acerca de las repercusiones políticas de nombrar y examinar, por ejemplo, el retorno y a los retornados (cf. Rivera Sánchez, 2011). En específico, en las siguientes páginas se exploran dos conceptos: retorno y reinserción, y a partir de éstos se reelaboran algunas categorías asociadas con los desplazamientos y las movilidades.

Cabe señalar que el estudio en el que se sustenta empíricamente esta propuesta se centra en revisar las dinámicas y las experiencias de movilidad de los migrantes de retorno de Estados Unidos a un municipio localizado en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México: Nezahualcóyotl, Estado de México. Desde este espacio de interacciones y convergencia de movilidades se construye a la localidad como la unidad analítica a través de la cual se pretende observar las distintas experiencias de movilidad en la ciudad, tomando el retorno como eje central, para luego acomodar y ensamblar las diversas movilidades que se entrecruzan en este sitio y que se cristalizan en las vivencias de los actores. Así, la localidad es concebida en este caso como el lugar de retorno, de reinserción y/o de establecimiento; a la vez que el mismo lugar podría volverse en algunos casos y momentos el punto de origen y/o salida, y el sitio desde el que se generan y experimentan nuevos emprendimientos sociales y también otras movilidades (cf. Sheller, 2014; Glick Schiller y Çaglar, 2013; Glick Schiller y Salazar, 2013).

A continuación se reseñan unas cuantas características de la localidad de retorno con la finalidad de comprender la reflexión relativa a la relación retorno-movilidad.

El sitio de investigación: un municipio urbano como divisadero de las movilidades

La configuración del municipio en la metrópoli

Nezahualcóyotl se localiza en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. Sólo una calle lo separa del Distrito Federal. Sus límites son difusos para el transeúnte, pues el área metropolitana constituye una enorme extensión territorial que condensa variadas movilidades intraurbanas, entre municipios mexiquenses y la Ciudad de México.

Es un municipio joven, creado en 1963, en una porción de lo que históricamente fue el Lago de Texcoco. A partir de la década de los cuarenta, con la construcción del bordo de Xochiaca y el túnel de Tequixquiac, se generó una afluencia masiva de habitantes de la Ciudad de México y de municipios metropolitanos, así como de otras entidades del país, quienes se asentaron en este segmento de la zona metropolitana con la expectativa de conseguir un empleo urbano en la ciudad, en pleno desarrollo industrial y de servicios de la ciudad capital y la conurbación. En ese momento, la ubicación geográfica de Nezahualcóyotl era considerada como periférica a la gran ciudad, y hoy se encuentra inmerso por completo en ella, pues la urbe ha crecido concéntricamente y la periferia se ha desbordado, desplazando sus límites hacia el enorme Valle de Chalco, a varios kilómetros de distancia.

La explosión demográfica, la saturación de la zona metropolitana y la carencia de infraestructura y servicios que caracterizaron a las periferias urbanas de las grandes ciudades llevaron tanto a la conformación de Nezahualcóyotl como un municipio independiente, como al subsecuente proceso de lotificación y regularización de los terrenos en propiedad urbana; no obstante, la tenencia de la tierra, el uso del suelo y la dotación de servicios públicos ha sido una demanda constante de su población, lo mismo que sus procesos organizativos y movilizaciones en pro de la atención gubernamental.

En suma, forma parte de la zona conurbada de la Ciudad de México, en la porción oriental del valle de México. Está compuesto por dos localidades, la más importante es la cabecera municipal, con el mismo nombre (conocida como Ciudad Nezahualcóyotl), donde se concentra la mayoría de la población (99.9%) y que se distribuye a lo largo de 86 colonias urbanas, sumamente habitadas. Según el Censo de Población y Vivienda, en 2010 el municipio tenía 1 107 931 residentes (INEGI, 2010). Por su ubicación en la zona metropolitana y su configuración reciente, sus habitantes proceden de casi todos los estados del país; es decir, se conformó por un desprendimiento o separación de colonias y zonas habitacionales del municipio de Chimalhuacán, pero también es producto, por un lado, de la migración interna (del campo a la ciudad) hacia la Zona Metropolitana del Valle de México, y, por el otro, de cierto proceso de precarización de los residentes de la Ciudad de México y otros municipios metropolitanos del Estado de México que entre 1970 y 1980 se desplazaron hacia la periferia, debido a un proceso de suburbanización y la consecuente movilidad económica descendente (Lindón, 1999). Entre estas décadas la tasa de crecimiento poblacional fue de 8.7%, doblando prácticamente el promedio de crecimiento estatal, pero a partir de la década de los ochenta el decrecimiento ha sido ininterrumpido (INEGI, 2000 y 2010; Rivera Sánchez, 2012).

En la siguiente sección, con base en información demográfica, se trazarán algunas de las movilidades que atraviesan este sitio y que lo hacen un nodo desde el cual es posible divisar éstas y su complejidad, con objeto de localizar en términos analíticos el retorno migratorio contemporáneo como una forma de movilidad en este espacio urbano.

El contexto de las movilidades en intersección con el retorno

Para comprender la complicada dinámica de las movilidades y los espacios en Nezahualcóyotl es relevante tomar en consideración no sólo la historia de las migraciones en la configuración del espacio municipal, sino también la migración interna en cuanto un proceso contemporáneo, con flujos constantes tanto de emigración como de inmigración, que actualiza la presencia de migrantes procedentes de otras regiones de México en los municipios metropolitanos, en particular en Nezahualcóyotl.

Reconocer la trascendencia de la migración interna en Nezahualcóyotl resulta vital, dado que en este caso el origen estatal de los inmigrantes permite: a) entender ciertas lógicas de la emigración a Estados Unidos, b) darle seguimiento a rutas y destinos migratorios recurrentes entre la población municipal, y c) observar cómo la dinámica de las redes sociales (a veces ligadas a la procedencia estatal o al paisanaje local) influye en las lógicas de retorno (cuando éste es voluntario), por ejemplo, en la elección del lugar para volver al país, e incluso en la colonia de asentamiento en el espacio municipal. En suma, la dinámica de la migración interna se ha entrelazado con la migración internacional y otras movilidades intraurbanas.

Algunos de los migrantes pioneros en Nezahualcóyotl fueron retornados del Programa Bracero, participantes en la segunda etapa (en su mayoría personas de origen guerrerense, oaxaqueño, poblano y michoacano), el cual concluyó hacia finales de los sesenta. Ellos aún se reconocen como quienes construyeron las primeras casas de ladrillo y cemento en el área del centro urbano y comercial del municipio (cf. Rivera Sánchez, 2008 y 2012).

De manera simultánea a la inmigración interna, el número de emigrantes a Estados Unidos que salen de Nezahualcóyotl tuvo un crecimiento ascendente sostenido por varias décadas, hasta 2010, lo mismo en el caso de la población que retorna de Estados Unidos a este municipio. Pero, en las últimas tres décadas, la población residente en Nezahualcóyotl ha descendido,3 como consecuencia del ensanchamiento del área metropolitana y de un proceso de reacomodo de la población en la zona conurbada con el Distrito Federal. Esta movilidad y reacomodo en la zona metropolitana ha traído consigo desplazamientos poblacionales hacia municipios aledaños: Chimalhuacán, Ixtapaluca, Los Reyes, Texcoco y Chalco Solidaridad, en el Estado de México (cf. Mendoza, 2009).

Un dato relevante que ilustra la alta movilidad de la población de este municipio metropolitano es que, en 2010, seis de cada diez residentes no eran originarios del Estado de México. El primer grupo de personas no nacidas en esta entidad estaba integrado por oriundos del Distrito Federal, los que en 2010 constituyeron 40% del total de la población, un porcentaje similar al de los nacidos en el Estado de México; el restante 20% se distribuyó entre personas de otras entidades del país. En orden de importancia están quienes nacieron en el estado de Puebla, luego los de Veracruz, Oaxaca y Michoacán (por mencionar los principales), todos con una representación porcentual menor a 5% respecto del total de la población (INEGI, 2010).

En relación con quienes viajan a Estados Unidos partiendo directamente de Nezahualcóyotl en la última década (entre 2000 y 2010) se observa una disminución, la cual quedó registrada en el censo de población. Entre 2005 y 2010 salieron 63% menos personas con destino a Estados Unidos que quienes lo hicieron entre 1995 y 2000. Por el contrario, entre los migrantes de retorno del quinquenio 1995-2000 y el de 2005-2010 se ve un notable aumento, pues los retornados en este último periodo representaron 40% más que en el inmediato anterior. Pero sin duda el incremento más significativo es el que se descubre al comparar el número de retornados entre 2000 y 2005 respecto de quienes volvieron en el quinquenio inmediato siguiente -la diferencia es de 66% más en este último- (INEGI, 2010). Por lo tanto, la información demográfica muestra que el retorno migratorio a Nezahualcóyotl se ha elevado durante la última década y con mayor énfasis entre 2005 y 2010, periodo que coincide con la agudización de la crisis económica internacional y la evidente contracción de los mercados de trabajo, sobre todo de los no especializados, donde se insertan los inmigrantes indocumentados en las sociedades receptoras de mano de obra internacional, como Estados Unidos y algunos países europeos (Alarcón, 2008).

Asimismo, este incremento del volumen de retornados en el último quinquenio en contraste con los dos previos podría estar reflejando el efecto que sobre la dinámica de los flujos migratorios ha tenido la puesta en marcha de ciertos dispositivos de una política migratoria restrictiva (muy evidente en la frontera norte de México), redoblada por Estados Unidos, como parte del programa Comunidades Seguras. Se trata de la implantación de políticas de control de la movilidad, con estrategias militarizadas, no sólo en la frontera, sino también en los lugares donde viven y trabajan los inmigrantes indocumentados, situación que ha generado condiciones adversas y de alta incertidumbre para esta población en aquel país, independientemente de sus años de estadía y de su experiencia laboral. Hoy, además de aprehensiones en la frontera, se realizan redadas frecuentes en sitios laborales y en el espacio público, así como deportaciones y repatriaciones desde cualquier punto de la nación. De modo similar, en los últimos años, se identifican disposiciones legales que se implementan en el nivel local y/o estatal que limitan algunos derechos sociales básicos de las personas en la situación de inmigrantes sin documentos (cf. Alarcón, Escala y Odgers, 2012).

Este nuevo régimen de deportaciones (De Genova, 2010), al que se suma la crisis de los mercados laborales, ha incrementado los flujos de regreso de los inmigrantes mexicanos que cada día son devueltos por diversas ciudades fronterizas con Estados Unidos, y que los convierte en presa fácil de los grupos criminales que se apostan en la frontera.

En resumen, Nezahualcóyotl experimenta una intensa movilidad poblacional, en diversas modalidades, direcciones, y de forma simultánea: emigración hacia otros municipios de la zona metropolitana y al Distrito Federal, principalmente, así como a destinos internacionales (sobre todo a Estados Unidos), y sigue manteniendo una dinámica de inmigración constante de nuevos pobladores procedentes del interior del país,4 además de ser receptor de migrantes de retorno internacional.

Los retornados a la ciudad: un esbozo

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) lleva un registro quinquenal de los retornados; no sólo contabiliza a las personas con experiencia migratoria en Estados Unidos que, de manera voluntaria, en ese periodo de cinco años, decidieron volver a México porque cumplieron su proyecto migratorio o alcanzaron las metas que se impusieron al emigrar, sino que incluye a todos aquellos que en el último quinquenio regresaron al país y que antes radicaban en Estados Unidos; es decir, se contabiliza en la misma categoría censal tanto a aquellos que fueron devueltos o deportados como a quienes libremente decidieron retornar al país en ese periodo.

De tal suerte, no podemos distinguir a través de los datos censales cuáles son las razones que mediaron el regreso, por lo que explorar en campo las motivaciones para volver resulta un imperativo. La evidencia recabada por medio de entrevistas y del trabajo etnográfico muestra que existe un gran número de personas que regresaron a México como "devueltos"; esto es, quienes por cometer una falta administrativa menor fueron removidos de inmediato por la policía, y luego entregados a las autoridades migratorias para ser devueltos a México por alguna ciudad fronteriza, en la mayoría de los casos sin un procedimiento de deportación.5

En síntesis, en el periodo 2005-2010, la población retornada en Nezahualcóyotl tenía como mediana de edad 30 años (INEGI, 2010). Respecto a los estados de procedencia, alrededor de 40% del total de quienes regresaron de Estados Unidos a Nezahualcóyotl durante ese lapso era oriundo del Estado de México y 38% del Distrito Federal; es decir, más de tres cuartas partes de los retornados era originario de municipios metropolitanos, mientras que el resto provenía de otras entidades del país, destacando en orden descendente los de Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Puebla y Yucatán (INEGI, 2010).

Sin profundizar en información sociodemográfica relativa a las movilidades poblacionales que cruzan por Nezahualcóyotl -dado que no es el objetivo central de este artículo-, se dejará anotado como parte de la configuración y dinámica del sitio de investigación que al menos 61% de la población retornada de Estados Unidos a Nezahualcóyotl (que regresó entre 2005-2010) tiene además experiencia migratoria interna. Lo anterior significa que seis de cada diez retornados han realizado mínimo dos viajes, uno nacional al mudarse de otra entidad a Nezahualcóyotl, y por lo menos un viaje internacional cuando emigraron a Estados Unidos. Esta experiencia migratoria podría convertirse también en un factor relevante en la conformación relacional de cierto capital para la consecución de un empleo.

Hasta aquí se ha mostrado una parte de la compleja dinámica de las movilidades y migraciones que atraviesan por esta localidad urbana, caracterizada por la combinación y la multiplicidad de rutas, trayectos y experiencias de movilidad de quienes se desplazan por este municipio. A continuación se presentarán algunas coordenadas analíticas para comprender el proceso de retorno, o sea, la relación retorno-movilidad.

Puntos de partida para abordar la relación retorno-movilidad

El retorno no sólo es una etapa secuencial de la experiencia como migrante, sino parte de un proceso vital que conlleva una reintegración tanto al contexto familiar como al social, en un sentido amplio, al margen de si ocurre en el lugar de origen, o en un sitio distinto del de origen y/o salida -como se desarrollará en los siguientes parágrafos-; no obstante que se trata de una etapa prevista desde el momento en que la persona se convierte en emigrante (Ravenstein, 1889; Fawcet, 1989; Cassarino, 2004 y 2013).

Se propone entonces abordar el retorno como una forma de movilidad en un circuito migratorio: a) primero, el retorno como la experiencia de regresar al país natal; es decir, las condiciones específicas en las que se vuelve, las que necesariamente vinculan la experiencia previa en Estados Unidos (retrospectiva), el regreso como el acto de volver (la coyuntura), y la experiencia de contacto y arribo al país (la relación entre expectativa-prospectiva); b) segundo, la fase de reinserción, no sólo en el mercado laboral -los migrantes vistos en calidad de fuerza de trabajo, como por lo general se les considera a los que se desplazan fundamentalmente por razones laborales-, sino también como parte de un proceso de resocialización, implica un aprendizaje normativo y la subsecuente readaptación, lo que lleva a analizar las condiciones y disposiciones para la reinserción social de la persona. De tal modo, el estudio del retorno-reinserción involucra las políticas del reconocimiento y de la exclusión (cf. Honneth, 1997), la apropiación y/o la reapropiación de los lugares, así como la negociación de la relocalización de los actores en el espacio social de las ciudades de acogida6 al regresar al país de origen (cf. Rivera Sánchez, 2014; Xiang, 2014; Bielsa, Casellas y Verger, 2014).

En consecuencia, estudiar el retorno de los migrantes supone analizar las prácticas y las estrategias para establecerse y/o reinsertarse en un lugar y en una temporalidad específica (tiempo vital y tiempo histórico), además de los factores que intervienen en la construcción de expectativas de reemigración y/o de asentamiento en el país de retorno. Por lo anterior, reinserción y reemigración no necesariamente son opciones excluyentes, aunque algunas veces hacen referencia a dos vías alternativas que se vislumbran en los horizontes de las vivencias de los migrantes, al regresar al país del cual salieron. Reinserción-establecimiento, o bien anclaje socioespacial, se presenta en la experiencia vital de los migrantes como otra ruta para la relocalización, para quienes estuvieron ausentes durante un tiempo -haya sido corto o largo, según los casos y las percepciones acerca del tiempo-, distantes de la sociabilidad habitual (Elias, 2012; Schutz, 1944 y 1945).

En suma, se trata de adoptar una perspectiva que de manera simultánea documente y articule las experiencias de reinserción -mediante la comprensión de los tipos de establecimiento/anclaje- y las de circulación y movilidad, luego también de reemigración, así como las percepciones y vivencias de exclusión y/o inclusión en el espacio social, las cuales podrían facilitar, condicionar u obstaculizar los procesos vitales de inserción social, y así convertirse en factores que contribuyan a considerar la reemigración (y no sólo la circulación) como una vía alterna.

Por otro lado, se vuelve fundamental escrutar las dos vías que se vislumbran como parte de las experiencias entre movilidad/establecimiento, en cuanto opciones complementarias de la misma experiencia de inmigrante (cf. Adey, 2006). Para ello se propone explorar -a lo largo de las trayectorias de los migrantes de retorno- los eventos vitales, las transiciones o los puntos de quiebre, la ocurrencia y los entrelazamientos entre la experiencia vital y los procesos históricos convergentes; o sea, indagar la contingencia de las relaciones sociales que delinean la elección de una ruta, en una u otra vía, y/o bien la circulación que permite también articular ambas experiencias y tejer las condiciones de posibilidad/realización de la inserción social (cf. Abbott, 1995; Mische, 2011; Simmel, 1971).

Para llevar a cabo lo anterior, se echa mano tanto de la sociología relacional y la perspectiva longitudinal de la experiencia vital, como del "nuevo" enfoque de las movilidades (Cresswell, 2006; Sheller y Urry, 2004; Urry, 2007; Sheller, 2011 y 2014; Büscher y Urry, 2009; Adey, 2006 y 2010). Además se recuperan algunos principios básicos de las propuestas de ruptura con el nacionalismo metodológico (Khagram y Levitt, 2008; Wimmer y Glick Schiller, 2008; Kalir, 2013), a la vez que se retoman varios presupuestos de la perspectiva de las migraciones globales (Glick Schiller y Faist, 2010), subrayando el análisis de la emergencia y la agudización de las desigualdades en esos contextos de aparente libre movilidad -producto de la globalización- a partir de las movilidades diferenciadas entre personas, y también entre otros bienes y capitales circulantes, con distintas lógicas y temporalidades de circulación (Büscher y Urry, 2009; Glick Schiller, 2013; De Genova, 2010 y 2013).

Articular estas aproximaciones y perspectivas de investigación hace posible estructurar una propuesta para identificar, en esos contextos de alta movilidad, otras taxonomías sociales (Xiang, 2014; Harvey, 2007). Analíticamente se destaca la gestación de asimetrías, como un rasgo primordial de la dinámica de las relaciones sociales en los contextos de retorno migratorio, en particular en las ciudades (Xiang, 2013), consecuencias de los regímenes de la movilidad global, condiciones que han sido estudiadas sobre todo en las ciudades de destino internacional, o bien en aquellas de frontera, y en menor medida en las sociedades de retorno.

Por lo anterior, el estudio de las movilidades en cualquiera de sus modalidades requiere un análisis simultáneo entre movilidad/inmovilidad, movilidad/establecimiento o anclaje, como relaciones interdependientes en la experiencia de los migrantes, y en general en la de los sujetos móviles que circulan por estos espacios, y cuyas vivencias se traducen en experiencias de movilidades desiguales y en nuevos procesos de fronterización (cf. Söderström et al., 2013; De Genova, 2013; Kalir, 2013). Así, se ha optado en términos analíticos por retomar la díada movilidad/anclaje para comprender las experiencias de retorno-establecimiento-reemigración de los migrantes que vuelven a México, después de radicar en Estados Unidos, y de explorar la reinserción en el país de origen. El objetivo consiste entonces en identificar el desdoblamiento de las diversas formas de clasificación social que no sólo funcionan en los lugares de destino internacional, sino también en los distintos espacios de circulación, adoptando variadas expresiones socioespaciales (Harvey, 2007; Xiang, 2013).

Por otro lado, las condiciones contextuales, en especial los instrumentos legales que limitan el desplazamiento y la movilidad de las personas, hacen posible identificar en esos lugares de circulación, y sobre todo en los de retorno, la emergencia de algunas oportunidades o intersticios para el cambio social (Glick Schiller y Salazar, 2013). Se reconoce así cierto nivel de agencia de los actores, no obstante los constreñimientos sociohistóricos, los mecanismos de clasificación social y los dispositivos institucionales de regulación de la movilidad humana, que se manifiestan como parte de los efectos de las políticas de securitización de los Estados nacionales y sus consecuentes lógicas de fronterización, constatables empíricamente en las localidades, y no sólo en los espacios localizados en las fronteras estatales y/o geográficas, cuya expresión se ha vuelto característica de esta etapa de la globalización (Glick Schiller y Faist, 2010; De Genova, 2013). Por consecuencia, los efectos de la securitización de la frontera y de los procesos de fronterización se expresan también en los cambios acaecidos en el proceso migratorio entre México y Estados Unidos.

Se apunta que la presente propuesta se estructura a partir de una aproximación previa de la autora a los estudios sobre las circulaciones migratorias, los desplazamientos socioterritoriales y las movilidades transnacionales de los migrantes,7 antecedente que ha llevado a explorar la relación entre sujetos móviles con variadas experiencias de movilidad y de establecimiento a lo largo de un circuito migratorio cuya configuración histórica ha ocurrido en un largo periodo (Kalir, 2013). Los actores circulantes por estos lugares (los sujetos móviles) han contribuido a la construcción de esos espacios que se convierten en cruce de caminos (Latour, 2008) o nodos que articulan movilidades, como en Nezahualcóyotl. Se asume que en tales circulaciones se producen las interconexiones entre personas y lugares, y de esta forma se construyen los vínculos hacia otros sitios, en este caso hacia lugares en el interior del país y hacia otras ciudades en Estados Unidos.

Por lo tanto, un estudio de las movilidades y circulaciones contemporáneas en los sitios de retorno significa capturar un instante de ese continuo ir y venir; es decir, explorar un espacio de relaciones sociales constantemente in the making (Thompson, 1966) y de allí la necesidad de diseñar una estrategia ad hoc que permita desentrañar el mecanismo de los engranajes de las circulaciones, y las experiencias que hacen posible que quienes han retornado tomen una u otra ruta, y luego resulte en experiencias de reinserción/establecimiento, o bien, en reinserción/reemigración, o en una combinación de ambas opciones, en esos espacios urbanos.

Lo que se subraya con la reflexión relativa a los efectos de las movilidades en las ciudades (cf. Brenner y Schmid, 2014), y en concreto respecto de los espacios urbanos de retorno, es que los lugares de inserción como espacios sociales explorados o vividos no son experimentados de igual forma por los migrantes (Kabachnik, 2012), pues los espacios sociales de retorno se redefinen continuamente a través de las movilidades y generan sujetos móviles específicos.

Así, la localidad de retorno es concebida como un ensamblaje de las experiencias diversas de relación entre movilidad-anclaje (la relación movilidad/espacio/experiencia), establecimiento temporal -corto o largo-, y la posibilidad de reemigrar, sea a un destino internacional, o a uno del interior del país. En otras palabras, la localidad se propone como una unidad analítica que permitirá explorar en el nivel meso la relación retorno-movilidades. Esto es, la localidad en cuanto producto de un arreglo o acomodamiento particular de movilidades diversas a lo largo del tiempo, un conjunto específico de motilities, constitutivo de las ciudades contemporáneas y de las modalidades de habitar en ellas (cf. Kaufmann, 2011).

Entonces, para entender la configuración de las localidades se considera explorar también las capacidades/oportunidades de movilidad de quienes habitan en, y circulan por, estas ciudades, constituyendo espacios sociales de interacción y experiencias, ordenadas por su convergencia en un sitio, en un lugar concreto, en una temporalidad definida, y que permiten delinear las rutas hacia la construcción de anclajes (establecimiento) y/o de expectativas de reemigración (Rivera Sánchez, 2014; Mather, 2011; Brenner, 2011).

Observar el retorno como una experiencia de movilidad y de desplazamiento a través de circuitos migratorios hace posible identificar ciertos efectos societales contemporáneos de las movilidades sobre las relaciones sociales en las localidades, y de manera precisa abre la ventana para indagar los efectos sobre los arreglos sociales de los migrantes y sus familiares, quienes cualifican a los lugares a partir de sus prácticas, como lugares de tránsito, de retorno, de destino para el trabajo, para estudiar, para conseguir pareja, entre otros; o sea, comprender las espacialidades y su configuración en los circuitos migratorios (Besserer, 2004; Rivera Sánchez, 2012).

La desestabilización del concepto determinista de retorno ofrece la posibilidad de incluir los distintos desplazamientos como parte de la experiencia migratoria que ocurre entre el país de destino -con múltiples sitios de establecimiento temporales- y los diversos lugares al interior del país de origen, lo mismo que los desplazamientos ocurridos entre lugar de origen y lugares de destino (en plural), lo que podría contribuir a romper la concepción dicotómica de las migraciones, y a conceptualizar el retorno también en plural (retornos), y no sólo como un evento en la vida de los migrantes (Xiang, 2014).

Estas nociones axiomáticas sobre el retorno oscurecieron el examen de las vivencias de la deslocalización social (dislocation), por un lado, y por otro, de la relocalización de los migrantes que circulan por el circuito, y que eligen un sitio para volver al país. La reformulación del concepto favorece el tránsito hacia una concepción que complejiza el proceso migratorio y que incluye como opciones posibles varios lugares de destino (Rivera Sánchez y Lozano Ascencio, 2006) y de retorno distintos de los de origen y/o salida a Estados Unidos (Rivera Sánchez, 2011; Masferrer, 2012).

Además, esta revisión conceptual contribuye a incorporar la idea de que el regreso al país es un reto para el migrante, dado que conlleva realizar un proceso de inserción en un espacio social que se ha transformado, no sólo por el tiempo transcurrido, sino por las vivencias experimentadas (Bielsa, Casellas y Verger, 2014). Esto es, incorpora de manera central el tema de la inserción o reinserción en el retorno, como proceso complejo que constituye un episodio biográfico de la experiencia de las movilidades que desestabilizan la sociabilidad (se trata de explorar la relación deslocalización/relocalización social) tanto para quienes regresan al país de origen, como para quienes los reciben.

En consecuencia, la complejidad del análisis del retorno en contextos urbanos se acentúa debido a que en tales espacios se cruzan múltiples movilidades, pero también se identifican acelerados procesos de transformación en las relaciones sociales. Los espacios de mediación en las ciudades no son únicamente las familias y las comunidades morales de las sociedades rurales mexicanas (cf. Martínez Casas y De la Peña, 2004), sino que además en esos espacios urbanos múltiples convergen actores y diversos espacios institucionales (iglesias, clubes de migrantes internos, asociaciones de vecinos, entre muchos otros) que median el acomodamiento social en esos sitios, por ello la relevancia de estudiar los procesos de reinserción y/o relocalización de los migrantes retornados a las ciudades; en comparación con la complejidad que entraña el retorno a ciertos contextos de origen o a los entornos rurales del país, que pese a que también se modifican, ofrecen otras redes de soporte e infraestructura de la migración (cf. Xiang y Lindquist, 2014). En síntesis, interesa hurgar en las lógicas acerca de cómo ocurre la relocalización social tanto en los dominios discretos, por ejemplo en los mercados de trabajo o en la escuela, como en las modalidades y los mecanismos mediadores del retorno/inserción social (cf. Xiang y Lindquist, 2014).

Nota final

Los migrantes de retorno enfrentan un desafío similar al que viven cuando arriban a las sociedades de destino internacional. Si bien la decisión de regresar a un espacio urbano en el país de origen está mediada por la existencia de contactos, redes familiares y referentes simbólicos que proveen soporte y ciertos grados de certidumbre -a diferencia de cuando se llega a un lugar como extranjero, en una sociedad que se considera socialmente lejana-, la reinserción social implica un proceso de readaptación, de ajuste de expectativas y de negociación constante de códigos relacionales y culturales, los que se han reelaborado a partir de la experiencia de vida como migrante (Schutz, 1945).

A lo largo de estas páginas se ha efectuado una revisión crítica de varios axiomas con los que se estudia el retorno y la reinserción en los países de origen. Con base en ella se han problematizado algunos presupuestos básicos sobre la relación retorno-movilidad, reinserción-movilidad en/desde la ciudad, con el objetivo de consolidar un marco analítico para el abordaje del proceso de reinserción social de los migrantes de retorno contemporáneo en contextos urbanos de alta movilidad (Cresswell, 2006). En este esquema, la concepción procesual y relacional tanto del retorno como de la reinserción social en las localidades, y las lógicas de funcionamiento de los mecanismos e instituciones mediadores de tales experiencias -inmersas en los regímenes de la movilidad global-, son las coordenadas analíticas clave para, a través de las vivencias de los migrantes, mirar cómo se reconfiguran y movilizan las sociabilidades en estos espacios urbanos contemporáneos, cómo se deslocalizan y relocalizan los migrantes y quienes habitan estos espacios sociales.


*.

fn1 Este artículo se enmarca en el proyecto de investigación Pertenencias urbanas. Experiencias y prácticas de inserción social en dos contextos urbanos de América Latina, 2014-2016, que desarrolla la autora como profesora-investigadora del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México.

1.

fn2 Cf. el número temático sobre retorno migratorio de International Migration Review, vol. 48, otoño de 2014; el número temático especial de la Revista Interdisciplinar da Mobilidade Humana, núm. 41, vol. 1, julio-diciembre de 2013, entre otros volúmenes temáticos que abordan las implicaciones del retorno en las sociedades latinoamericanas y africanas; asimismo, el ciclo 2014 del Seminario Permanente sobre Migración Internacional de El Colegio de la Frontera Norte, dedicado al tema.

2.

fn3 El Programa Bracero fue un programa binacional de trabajadores huéspedes firmado entre México y Estados Unidos en 1942, cuyo objetivo fue solventar el abandono de los campos agrícolas estadounidenses como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Se desarrolló en dos etapas, de 1942 a 1947 y de 1951 a 1964. Durante la guerra se permitió que estos trabajadores se emplearan en la industria ferrocarrilera, pero sólo en ese periodo, pues su contrato estaba restringido exclusivamente al trabajo agrícola, sobre todo en la región suroeste de Estados Unidos. Al principio se concentró en los campos de California, y a partir de la década de los cincuenta se extendió de manera intensiva hacia el estado de Texas (cf. Gonzales, 1999).

3.

fn4 En el año 2000, el municipio de Nezahualcóyotl había registrado 1 225 972 habitantes, que, comparándolos con los de 2010 (1 107 931), da como resultado un decremento de nueve puntos porcentuales en una década (INEGI, 2000 y 2010).

4.

fn5 Destacan aquellos que llegaron en los últimos cinco años procedentes de los municipios metropolitanos, como Ecatepec de Morelos, Chimalhuacán, Ixtapaluca y Chalco, del Estado de México, así como de las delegaciones Iztapalapa, Gustavo A. Madero y Venustiano Carranza, del Distrito Federal (INEGI, 2010).

5.

fn6 Una falta administrativa identificada recurrentemente a lo largo del trabajo etnográfico realizado en diversos municipios del país -por ejemplo, en los municipios limítrofes entre los estados de Morelos y Guerrero, para fines de otra investigación-, y que después se registró en Nezahualcóyotl, es el hecho de cruzar una calle o avenida en alguna ciudad de Estados Unidos cuando el semáforo peatonal indica hacer un alto y este señalamiento es omitido por el inmigrante indocumentado.

6.

fn7 En este texto se utiliza el término ciudades de acogida para referirse tanto a los lugares de destino internacional, como a aquellos de retorno en el país natal, dado que en ambos casos supone un proceso de inserción para el migrante.

7.

fn8 Que hacen posible articular el estudio de un circuito migratorio con trayectos de migración interna, internacional, de tránsito, de retorno, e identificar así la lógica de especialización funcional de los lugares, como producto de las circulaciones y las movilidades a través de tales sitios (cf. Rivera Sánchez, 2012).

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ALTERIDADES. año 29, número 57, enero - junio 2019, es una publicación semestral de la Universidad Autónoma Metropolitana, a tráves de la Unidad Iztapalapa, División de Ciencias de Ciencias Sociales y Humanidades, Departamento de Antropología. Prolongación Canal de Miramontes 3855, Col. Ex-Hacienda de San Juan de Dios, Alcaldía de Tlalpan, C.P. 14387, Ciudad de México, y Av. San Rafael Atlixco 186, Col. Vicentina, C.P. 09340, Edif. F-001, Ciudad de México. Telefono: 5804 4600, ext. 2679. Página electrónica de la revista <http://alteridades.izt.uam.mx>. Direción electrónico: alte@xanum.uam.mx. Editor responsable: Dra. Norma Jaramillo Puebla. Certificado de Reserva de Derechos al Uso Exclusivo del título número 04-2015-112311463800-203, ISSN: 2448-850X, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Dra. Norma Jaramillo Puebla, Unidad Iztapalapa, División de Ciencias Sociales y Humanidades. Fecha de la última actualización 20 de junio de 2019. Tamaño del archivo: 6.8 MB
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